Los empresarios siguen en silencio de radio. Nadie sabe cuándo van a depositar, cuándo vuelve el servicio ni qué van a hacer para solucionar el quilombo.
Mientras tanto, el vecino común hace su parte: se levanta temprano, se toma unos mates, sale a la parada y espera…
Espera…
Espera…
Y nada. 😐
A esta altura uno ya no sabe si está esperando el colectivo o una señal de Dios.
—¿Che, pasa el 12?
—Y… dicen que sí.
—¿Cuándo?
—No se sabe.
—¿Hoy?
—Capaz.
—¿A qué hora?
—Y… cuando tenga ganas.
Mientras tanto, el que tiene que ir a laburar, estudiar, llevar a los chicos o llegar al médico, que se arregle como pueda.
Porque parece que para algunos el colectivo es un negocio. Para el vecino, en cambio, es la forma de llegar a fin de mes sin tener que vender un riñón para pagar un remis.
Y los empresarios… mudos.
Ni un “buen día”, ni un “estamos viendo”, ni un “ya casi”.
Silencio total.
Eso sí, cuando vuelva a pasar un colectivo después de semejante espera, no sería raro que la gente en la parada empiece a aplaudir y alguno grite:
—¡¡¡MIREN, MUCHACHOS!!! ¡¡¡ES VERDAD!!! ¡¡¡EXISTEN!!!
San Juan, donde conseguir un colectivo ya parece una cuestión de fe.

