Este martes se reanudó en París el juicio por el crimen del exrugbier argentino Federico Martín Aramburú, asesinado a tiros en marzo de 2022. En la séptima jornada del proceso, que se desarrolla ante el Tribunal de lo Penal de París, volvió a declarar Shaun Hegarty, amigo y socio de la víctima, que se encontraba con él la madrugada en que ocurrió el crimen.
La declaración de Hegarty, que se extendió durante más de tres horas, aportó nuevos detalles sobre el altercado inicial que mantuvieron Aramburú y su amigo con Loïk Le Priol y Romain Bouvier, los dos principales acusados por el homicidio, antes del ataque a tiros.
Según relató, aquella madrugada él y Aramburú se sentaron en la terraza del bar Le Mabillon, en el barrio parisino de Saint-Germain-des-Prés. En una mesa contigua se encontraban Bouvier, Le Priol y Lyson R., pareja de este último.
“Nos sentamos junto a ellos tres… Estábamos contentos, charlamos con todos”, recordó Hegarty. En un momento dado, le preguntó a sus vecinos de dónde eran para continuar con la conversación casual. Bouvier fue quien le respondió, señalando al piso para indicar que eran de allí.
“Pero, ¿qué significa ‘de acá’…? ¿De la calle?”, respondió en broma Hegarty, según consignó el medio francés L’Equipe. Sus interlocutores, sin embargo, no tomaron bien el chiste y ahí terminó la conversación.
Tras esto, se produjo un altercado entre Bouvier y Le Priol con otra mesa en el que Hegarty intervino. “Le digo que lo deje pasar, que deje en paz a los demás clientes. Me dijeron que los llamé idiotas. ¡Quizás!“, dijo. El también exrugbier contó que Le Priol se levantó, le dio tres cachetadas y lo amenazó diciéndole que sabía pelear, ya que había estado en los comandos de la marina.
Si bien ellos pensaron que el enfrentamiento no iría a mayores, cuando se disponían a pagar la cuenta, Aramburú, relató Hegarty, le agarró la capucha a Le Priol y lo tiró al piso. Eso desató una pelea que escaló hasta los golpes, patadas y empujones. Ahí fue cuando la seguridad del bar intervino para calmar los ánimos y separar a los hombres.
Hegarty y Aramburú, heridos tras la pelea, decidieron regresar a su hotel. A mitad de camino frenaron en otro alojamiento para pedir hielo y así tratar de calmar los golpes. “Federico le dio algo de dinero al recepcionista para agradecerle. Al salir, vi un Jeep militar y oí claramente la frase: ‘¡Están aquí!’. No me di cuenta de inmediato de que eran ellos, aunque recordaba el coche, el Jeep; lo había visto frente al Mabillon. Uno no olvida ese tipo de coche; es bastante característico», relató.
De esta forma, hizo alusión al vehículo manejado por Lyson R. y del que bajaron los dos atacantes. El primero, identificado como Bouvier, disparó sin mediar palabra contra el argentino. Una bala le impactó en el muslo y otra en el costado. Aramburú cayó al piso. Ahí fue cuando Le Priol lo persiguió a pie y le disparó seis veces mientras el argentino intentaba huir.
Para Hegarty, lo que sucedió después fue “más confuso”. La evaluación de los peritos concluyó que sufrió disociación: “No entiendo qué está pasando, estoy aturdido”. El deportista dijo recordar los sonidos de los disparos de Bouvier, la imagen de Aramburú al caer y la llegada de Le Priol. “Los sonidos, para mí, son como petardos mojados, creo que es una pistola de juguete, no me doy cuenta de que Fede recibió las balas de Bouvier. Estoy aturdido. Cae al suelo, intento intervenir, pero soy inútil”, lamentó.
Y, entonces, Le Priol dispara. “Vació el cargador; vi a Federico caer sobre un tacho de basura. Estoy desconectado; solo cuando me acerqué a él me dijo: ‘Shaun, llamá a la policía, ¡voy a morir!’“, relató. Cuando los servicios de urgencia llegaron, apenas minutos después, no consiguieron reanimarlo. El argentino murió en el lugar antes de poder recibir asistencia médica.
Finalmente, Hegarty reflexionó acerca de la posibilidad de remordimiento de los dos acusados, ambos exmiembros del grupo de ultraderecha Unión de Defensa (GUD) y con antecedentes de violencia. “Esperaba que mostraran algo de humanidad. En mi opinión, son hombres peligrosos: deberían permanecer en prisión por mucho tiempo. Creo que serían capaces de volver a hacer lo que hicieron…”, consideró y cerró: “Querían demostrar que eran los más fuertes, que querían tener la última palabra. Dicen que lo sienten, pero no es un perdón verdadero. No me corresponde juzgar; se lo dejo a usted”.
Mientras tanto, y frente a él, Le Priol —quien admitió haber disparado, pero aseguró que fue en legítima defensa— negó con la cabeza. Bouvier —que negó haber matado a Aramburú— llamó a su abogada y le habló al oído durante el testimonio.

