Tras expresar su cercanía al pueblo nepalí por las inundaciones que azotaron una amplia región cercana al Tíbet, el papa León XIV dispuso una ayuda económica para atender las necesidades más urgentes de la población afectada por la catástrofe.
La contribución fue canalizada a través del Dicasterio para el Servicio de la Caridad, en coordinación con la Nunciatura Apostólica en Nepal, y será destinada a Cáritas Nepal, que trabaja bajo la dirección del Vicariato Apostólico.
Desde las primeras horas posteriores al desastre, la organización eclesial brinda asistencia con alimentos, artículos de primera necesidad y espacios de acogida para las personas que perdieron sus hogares.
«Se trata de una primera ayuda que el Santo Padre, como en otras ocasiones, ha querido enviar para atender las necesidades primarias y urgentes de la población», explicó el prefecto del Dicasterio para el Servicio de la Caridad, arzobispo Luis Marín de San Martín.
El prelado destacó que el gesto busca transmitir «la cercanía y la ternura del Santo Padre, como una caricia de la Iglesia que los acompaña y los sostiene», especialmente hacia las personas más vulnerables.
Continúan los rescates
Mientras tanto, las operaciones de rescate continúan en las zonas más castigadas. El último balance registra más de 630 muertos y alrededor de 3.000 personas desaparecidas, entre ellas más de 500 extranjeros.
En el distrito más afectado, el ejército nepalí fue desplegado para intentar rescatar a más de un centenar de personas que permanecerían atrapadas en el túnel de una central hidroeléctrica.
Solidaridad desde la Iglesia italiana
La Conferencia Episcopal Italiana también anunció un aporte extraordinario de 500.000 euros, provenientes de los fondos del «ocho por mil», para atender emergencias humanitarias en Nepal, Colombia, Perú e Indonesia.
«El sufrimiento de quienes viven lejos no puede sernos ajeno: nos concierne y nos llama a la responsabilidad», afirmó el cardenal Matteo Zuppi, presidente de la conferencia episcopal italiana.
En un comunicado, la CEI subrayó que tender la mano a quienes atraviesan dificultades permite reconstruir vínculos, alimentar la esperanza y hacer de la paz «una posibilidad real», incluso en un contexto mundial marcado por tensiones y conflictos

