María Soledad Calle, ex concejal de Campana, tiene vínculos con La Cámpora y la UOM y aparece en una investigación judicial por un millonario contrato para administrar fondos del gremio metalúrgico
Esta es la crónica de una vecina que eligió mal el piso, o lo eligió perfecto según se mire. Hay gente que para elegir departamento mira la luz natural, otra gente mira el gimnasio, y después está María Soledad Calle, que agarró el mapa de San José 1111 y dijo: «Ese, el de abajo de Cristina, ahí quiero estar, por si necesita azúcar, por si se le corta la luz, por si el destino me llama algún día.»
Compró el departamento por US$189.000 en agosto de 2025, dos meses después de arrancado el arresto domiciliario, en lo que los libros de historia recordarán como «el momento en que alguien convirtió la prisión preventiva en un dato de ubicación privilegiada, ‘»A metros de una figura política histórica. Ideal inversión.’«
Y como todo prócer del sindicalismo moderno, no se quedó ahí: también se agenció el 50% de un BMW, la mitad. ¿La otra mitad de quién es? no se sabe, tal vez lo comparte en joint venture, tal vez es un BMW en cuotas existenciales, tal vez esto ya es más poético, representa exactamente el mismo porcentaje de transparencia que hay en el contrato de obras viales con Lázaro Baez.
Porque ahí está la joya de la corona, Calle figura como accionista y directiva de USEM SA, la empresa que se quedó administrando el 80% de los aportes de unos 200.000 afiliados de la UOM, cobrando una comisión de $100 millones por mes. Para ponerlo en el criollo que habla el aparcero Darío Bence, no tiene cargo, no cobra sueldo, no es empleada de nadie, pero aparece en TODOS los papeles, como el primo que «no participó de la joda» pero está en todas las fotos.
Ella se defiende con la elegancia de quien ya ensayó el speech frente al espejo: «Me eligieron como blanco y me están haciendo pedazos la vida». Un clásico del género «yo no fui, fue la interna sindical», subgénero muy popular en el under gremial argentino, con más temporadas que los Simpson. Y para cerrar con la ternura ideológica que la caracteriza, esta es la misma mujer que le escribió a Cristina «el amor no se proscribe», tuiteó «NADA SIN CRISTINA» en mayúsculas de altar, y ahora, digno de Aristóteles, terminó demostrando que el amor tampoco se prescribe, pero el metro cuadrado sí se factura. En Argentina hay gente que cree en el destino, y gente que directamente le compra el piso de abajo.

