Acariciar el futuro del cobre en San Juan suena bárbaro, pero para que las máquinas no se queden sin nafta antes del 2030, la realidad es una sola, hay que poner plata. Y mucha.
Por eso, McEwen Copper anda por el mundo moviendo fichas y sentándose a charlar con los pesos pesados de la minería global. En este entramado, Michael Medding y su equipo están al frente de la pulseada, intentando armar un rompecabezas financiero que combina capital fresco y deuda internacional.
Nadie dice que sea una tarea sencilla —básicamente están intentando convencer a gigantes corporativos de soltar los billetes—, pero la jugada se está moviendo con pragmatismo. Al fin y al cabo, ya cerca de abrochar el financiamiento necesario, el proyecto en Calingasta dejará de ser una maqueta linda para convertirse en una realidad que mueva la aguja económica. A ver si cierran los números de una vez, que las montañas no se excavan solas.

