La ciudad cordobesa que en 2014 encendió la mecha de la alianza entre el PRO y la UCR se encamina en septiembre a una elección inédita que rompe todos los manuales tradicionales.
Con ocho candidatos en carrera y sin las marcas nacionales en la boleta, el histórico bastión de JxC enfrenta un escenario de fragmentación total donde ya nadie tiene el triunfo asegurado.
Mientras el histórico jefe local Pedro Dellarossa busca retener el control apostando a su popularidad y al respaldo de figuras de peso, tiene el apoyo de Mauricio Macri y Luis Juez, la dispersión del voto libertario y la resistencia del vecinalismo transforman a este rincón estratégico en el laboratorio político más impredecible del año.
Dellarossa arranca como el dirigente con mejor intención de voto e imagen individual, pero su condición de favorito absoluto se debilitó tras el cierre de alianzas.
Su ventaja inicial dependía en gran medida de las marcas políticas con las que compitiera.
Encuestas previas de consultoras como Pulso Social indicaban que si Dellarossa se aliaba con La Libertad Avanza (LLA), lideraba cómodamente con un 44% de los votos. Con el sello puro del PRO, retenía un 40%. Al rechazar la marca libertaria y competir bajo la alianza local Marcos Juárez Puede, las mediciones locales proyectan una caída de su piso electoral a un 34%.
Al bajar su porcentaje al rango del 34%, el escenario electoral se volvió sumamente competitivo. La fragmentación récord con ocho candidatos licuará el voto general.
Esto puede beneficiar a su principal rival histórica, Verónica Crescente (Unión Vecinal), quien mantiene un piso consolidado cercano a los 6.200 votos en los últimos comicios.
Dispersión opositora: La postulación del empresario Gerardo Pasquali por Marcos Juárez Despierta (UCR y Partido Demócrata) busca captar al votante libertario desencantado con el armado provincial.
Esto amenaza de manera directa el caudal de votos que Dellarossa necesita para asegurar el triunfo.
Si bien sigue siendo el candidato de mayor peso específico y nivel de conocimiento en la ciudad, ya no cuenta con la garantía de una victoria asegurada debido a la atomización del mapa político local.
La ciudad cordobesa que en 2014 encendió la mecha de la alianza entre el PRO y la UCR se encamina en septiembre a una elección inédita que rompe todos los manuales tradicionales.
Con ocho candidatos en carrera y sin las marcas nacionales en la boleta, el histórico bastión de JxC enfrenta un escenario de fragmentación total donde ya nadie tiene el triunfo asegurado.
Mientras el histórico jefe local Pedro Dellarossa busca retener el control apostando a su popularidad y al respaldo de figuras de peso, tiene el apoyo de Mauricio Macri y Luis Juez, la dispersión del voto libertario y la resistencia del vecinalismo transforman a este rincón estratégico en el laboratorio político más impredecible del año.
Dellarossa arranca como el dirigente con mejor intención de voto e imagen individual, pero su condición de favorito absoluto se debilitó tras el cierre de alianzas.
Su ventaja inicial dependía en gran medida de las marcas políticas con las que compitiera.
Encuestas previas de consultoras como Pulso Social indicaban que si Dellarossa se aliaba con La Libertad Avanza (LLA), lideraba cómodamente con un 44% de los votos. Con el sello puro del PRO, retenía un 40%. Al rechazar la marca libertaria y competir bajo la alianza local Marcos Juárez Puede, las mediciones locales proyectan una caída de su piso electoral a un 34%.
Al bajar su porcentaje al rango del 34%, el escenario electoral se volvió sumamente competitivo. La fragmentación récord con ocho candidatos licuará el voto general.
Esto puede beneficiar a su principal rival histórica, Verónica Crescente (Unión Vecinal), quien mantiene un piso consolidado cercano a los 6.200 votos en los últimos comicios.
Dispersión opositora: La postulación del empresario Gerardo Pasquali por Marcos Juárez Despierta (UCR y Partido Demócrata) busca captar al votante libertario desencantado con el armado provincial.
Esto amenaza de manera directa el caudal de votos que Dellarossa necesita para asegurar el triunfo.
Si bien sigue siendo el candidato de mayor peso específico y nivel de conocimiento en la ciudad, ya no cuenta con la garantía de una victoria asegurada debido a la atomización del mapa político local.

