Hay chefs que buscan sorprender con espuma de no sé qué, humo de vaya uno a saber dónde o platos tan minimalistas que parecen olvidados. Pero un cocinero de Corea del Sur decidió ir un paso más allá: servir un postre… con hormigas. Y no una que se cayó por accidente: eran parte de la receta.
El restaurante, orgulloso poseedor de dos estrellas Michelin, terminó ganándose otra distinción, aunque bastante menos glamorosa: una causa judicial. La Fiscalía pidió un año de prisión para el chef y una multa equivalente a unos 13.500 dólares por condimentar el menú con miles de diminutas trabajadoras no autorizadas por la ley.
Según la investigación, durante cuatro años desfilaron unas 49.000 hormigas por los platos del exclusivo menú degustación. Básicamente, el restaurante necesitaba más insecticida que sal.
El chef se defendió con tranquilidad: aseguró que siempre les avisaba a los clientes antes de servir el postre y que las hormigas aportaban un elegante «toque amargo». Un detalle importante, porque no es lo mismo encontrarse una hormiga por sorpresa que verla llegar con presentación oficial.
Además, explicó que solo seis de cada diez comensales aceptaban la experiencia. Los demás podían elegir opciones bastante más convencionales, como flores comestibles o vinagre fermentado. Porque, claro, después de rechazar hormigas, cualquier cosa parece un pancho.
El problema no fue el sabor sino la ley. En Corea del Sur existen insectos permitidos para el consumo, pero las hormigas no están invitadas al menú. Para peor, un informe oficial indicó que las utilizadas contenían niveles de metales pesados muy superiores a los autorizados.
Ahora será la Justicia la que decida si el chef fue un genio incomprendido de la alta cocina o simplemente alguien que llevó demasiado lejos aquello de que «la proteína está en los insectos». Mientras tanto, muchos clientes ya revisan el postre con más atención… por las dudas de que el chef quiera sumar cucarachas como maridaje.

