Terminó el Mundial y automáticamente la política salió del clóset donde estaba escondida haciendo silencio, como ese familiar que en las fiestas se hace el dormido para no lavar los platos. Se acabó la siesta, arrancó el circo.
Tres noticias tan calientes como el asfalto sanjuanino en enero: Nación y Provincia están más de novios que en San Valentín; ya arreglaron la boda y solo falta el salón (o sea el sistema electoral, pero «salón» suena más romántico); y alrededor de la mesa ya hay gente afilando el cuchillo del asado con intenciones que no son precisamente para cortar la carne.
Sergio Uñac se lanzó candidato a presidente. Y quiero que se imaginen la escena: es como cuando anunciás en el grupo de la familia que este año SÍ vas a correr una maratón, sabiendo perfectamente que la única carrera que vas a correr es hasta la luz verde a comprar los ravioles. La estrategia que hemos visto siempre en muchos candidatos es tan obvia: hacerse el candidato a lo grande para, en realidad, negociar el patio de atrás. Como el nene que en el cumpleaños grita «¡yo quiero la torta entera!» para terminar negociando quedarse con el pedazo con más dulce de leche.
Porque seamos serios: cuando los politólogos hacen la lista de candidatos presidenciales, a Uñac lo mencionan MENOS que a Gebel. El tipo de «Los profesionales de siempre» tiene que tener más chances presidenciales tambien en la city porteña, y ahi no se sabe si el senador sanjuanino está bien parado o patina. Están todos con nombre y apellido: Kicillof, Cristina, Massa, Pichetto, y ahora reaparece Quintela de La Rioja que no está ni en los créditos, ni en la escena post-créditos, NADA. Como cuando te invitan a un casamiento pero no a la mesa principal sino a la del fondo, cerca del baño.
PERO (y este pero es más grande que el Cerro Mercedario) este es el país de los tapados. Salió presidente un señor que le hablaba a un perro clonado como si fuera su asesor de gabinete, y también salió presidente otro que le gustaba tener sexo en el sillón presidencial, aparte de robar con los seguros…(Decime algo bonito). Así que, dato para la gilada, en Argentina nunca digas nunca, el tapado siempre está esperando su momento como el primo en el truco que dice «no voy» y después te come la yegua hasta el papel picado que tenias listo para el festejo de la Selección y te lo tuviste que guardar en el orto.
Y si Uñac al final no es presidente (por las dudas que no lo sea, hagamos las paces con eso), tampoco pasa nada grave, se conforma con ser el que reparte el mazo en el PJ sanjuanino. Como el tío que no juega a las cartas pero es el dueño de la mesa y decide quién se sienta y quién se queda parado mirando.
Ahora, el dilema que lo desvela más que la Copa FIFA 2026, que ya terminó, es… ¿se guarda él la candidatura, o se la regala a alguien de «máxima confianza»? Porque en la familia Uñac la confianza se mide como el asado: por partes. En 2023 el asado entero se lo llevó su hermano Rubén (100% sangre uñaquista, ni un gramo de grasa de duda), mientras que Cristian Andino se quedó masticando el hueso, con más rating electoral pero menos apellido en la mesa. Ganó la sangre, como en todas las novelas italianas.
Hoy Andino sigue rondando el fuego como perro que espera que se caiga un choripán, pero el círculo íntimo lo mira con cara de «¿este de dónde salió?», como cuando llevás a tu nueva pareja a la reunión familiar y todos sonríen pero ya están mandando audios de WhatsApp por atrás.
Asegurese que esto es lo mejor. En Chimbas gobiernan Daniela Rodríguez y su EX MARIDO Fabián Gramajo. Leyeron bien: EX. MARIDO. O sea que en algún momento se pelearon por quién se quedaba con el control remoto Y AHORA se pelean por quién se queda con todo un departamento. Nivel de drama que ni «Los Ricos También Lloran» pudo soñar.
Parecía que habían hecho las paces, como esas parejas que se separan pero siguen yendo juntos a los cumpleaños de los sobrinos «por los chicos». Hasta que Munisaga metió la pata (¿o la metió a propósito, con guante de cirujano y todo?) subiendo a Gramajo al ring de la sucesión. Y ahí el uñaquismo sacó LA BOMBA ATÓMICA; Cristian Andino, con fotos de «amistad eterna» tan impostadas que parecían publicidad de yogur. Hubo micrófono gritando «¡ANDINO-DANIELA 2027!» con más efusividad que un relator narrando el gol de Lautaro a los ingleses.
Reabrieron la herida de Chimbas como quien se saca una costra recién sanada solo para ver si todavía duele (spoiler: duele). Y esa herida justo es el punto débil del «eje RCH», que le disputa a Uñac los dos departamentos más poblados. Sin esos dos, el peronismo sanjuanino compite en las elecciones como yo compito en una maratón: con muchas ganas pero con el buzo del año pasado y sin entrenar ni un día.
Y para el postre, la frutilla del locro picante: en Rawson hay una causa judicial sobre 150 computadoras que la Policía compró y JAMÁS. LLEGARON. Tardaron TRES AÑOS en investigarlo. Tres años, gente.
Lo gracioso es que aunque el bardo pasó en la gestión de Uñac, el que suda como en pleno febrero sin aire acondicionado es Luis Martínez, mano derecha de Munisaga, porque en este mundo de policías y políticos, hay una sola moneda que vale más que el dólar blue, la confianza. Y Munisaga esperaba a que la Justicia sanjuanina se pronunciara. La denuncia presentada por un ex tesorero policial que TAMBIÉN terminó condenado por chorearse guita él mismo. Es como que el ladrón denuncia el robo. Y justo AHORA, en pleno recalentamiento entre Uñac y el eje RCH, un fiscal la despierta de un sopapo y sale a los flashes como si hubiera encontrado el mismísimo Santo Grial en Villa Krause.
¿Casualidad? Mirá, a esta altura la palabra «casualidad» en la política sanjuanina está más jubilada que mi vecino, el que se fue a vivir a Miami y no vuelve ni loco.

