La estrategia de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) para enfrentar la supuesta amenaza rusa consiste por ahora en aumentar el número de tropas en Europa y en fortalecer el apoyo a Ucrania en la guerra contra el Kremlin.
Pero en la cumbre 36ª de la Alianza Atlántica, realizada entre el 7 y el 8 de julio en Ankara, Turquía, hubo otra novedad importante: Estados Unidos anunció que le otorgará a Ucrania la licencia para fabricar los misiles Patriot, el sistema antiaéreo más importante de Occidente.
Este tipo de cohetes es, también, el arma más codiciada por Kiev. Según un experto, citado por la cadena qatarí Al Jazeera, el acceso a la tecnología estadounidense puede acelerar el programa de misiles balísticos y antibalísticos ucraniano.
Al principio del encuentro, el presidente norteamericano Donald Trump criticó a los países europeos por no respaldar la guerra de EEUU contra Irán, ni sus renovadas pretensiones de adueñarse de Groenlandia, un territorio ártico controlado en forma autónoma por Dinamarca.
No obstante, cuando se intensificaron las negociaciones, el magnate neoyorquino apoyó la postura de los 32 países de la Alianza Atlántica que renovaron su respaldo a Kiev en la guerra iniciada tras la invasión rusa del 24 de febrero de 2022.
En una clara referencia a Ucrania, la declaración final respaldó el artículo 5 que dice que un ataque contra cualquiera de sus miembros es una agresión contra toda la alianza militar.
También la OTAN anunció compras en material militar por más de 50.000 millones de dólares, así como una ayuda de más de 70.000 millones de dólares para Kiev.
Para muchos fue un paso más de Europa para independizarse de la hegemonía de la Casa Blanca. “Una Europa más fuerte en una OTAN más fuerte”, dijo recientemente el secretario general de esa organización, Mark Rutte.
Mientras la contienda bélica recrudece, con ofensivas en territorio ruso y la ocupada Crimea, algunos analistas han advertido sobre la posibilidad de que el Kremlin realice ataques limitados o incursiones militares contra países europeos.
“No veo a Rusia atacando a un país de la OTAN; sin embargo la veo conduciendo operaciones de guerra híbrida”, con tácticas no convencionales, dijo Juan Battaleme, experto en temas de Defensa y profesor de la Relaciones Internacionales de la Universidad de Buenos Aires.
En declaraciones a la agencia Nuevas Palabras, el analista opinó que “Moscú es un problema para los europeos en el siglo XXI, y también para la seguridad internacional desde la perspectiva de Bruselas, más allá de lo que representa en la actualidad China”.
En cuanto a la reciente cumbre, afirmó: me de la OTAN continúa a pasos agigantados, después de que se aprobará en la cumbre del año anterior una iniciativa de Trump para que cada país pase del tradicional 2% del PBI, destinado a gastos de defensa y seguridad, a un porcentaje del 5% en 2035.
Pero esta vez, no obstante, el mandatario norteamericano adoptó una postura más amigable con respecto a la Alianza Atlántica. Tal vez el magnate está pensando que su imagen pública podría deteriorarse aún más en el ámbito doméstico con respecto a las elecciones de medio término de noviembre, en las que el gobernante Partido Republicano se juega el control de la Cámara de Representantes y el Senado.
Aunque mantiene sus diferencias, Trump no amenazó con retirarse de la organización multinacional como cuando se reunió a principio de abril con Rutte en la Casa Blanca, sino que tuvo un tono más conciliador.
Horas después de que finalizara la cumbre, Moscú respondió que “calificar a Rusia de amenaza es un acto agresivo por parte de la OTAN”. De todos modos el Kremlin comunicó que continuará adelante con la guerra, debido a que considera “intransigente” la postura de Ucrania. Por eso la situación no ha variado en absoluto.
La reciente revelación que hizo el presidente ucraniano, Volodimir Zelenski, referida a que China pidió a Rusia que no usara armas nucleares contra Kiev, muestra la gravedad de una contienda bélica que no aún no ha dado los resultados que esperaba el presidente ruso, Vladimir Putin.
Según Zelenski, que se reunió con Trump en Ankara, Beijing dio un ultimátum a Moscú, aunque adoptó una actitud “neutral” con respecto a la guerra.
Pese a ello, todavía es temprano para pensar que China (un selecto socio de Moscú, que le vende tecnología para que fabrique sus misiles), cambió en forma radical su postura con respecto a Kiev.

