BARCELONA.– Barcelona registró este miércoles 40,5ºC, la temperatura más alta desde que existen registros en la ciudad, en medio de la segunda ola de calor del verano que afecta a España y a buena parte de Europa. El dato fue confirmado por las agencias meteorológicas catalana Meteocat y española Aemet, que señalaron que se trata de un récord absoluto en más de un siglo de mediciones.
Según Meteocat, los 40,5ºC superan la marca anterior de 40,0ºC alcanzada en julio de 2024 en el observatorio Fabra, que cuenta con 112 años de datos. Por su parte, el observatorio del aeropuerto de Barcelona, ubicado a nivel del mar, registró 37,7 ºC, tres décimas por encima del récord previo de agosto de 2010, de acuerdo con Aemet, que recopila información en ese punto desde 1924.
“Barcelona ha registrado el día más cálido”, afirmó el vocero de Aemet, José Ángel Núñez, quien destacó que los dos principales observatorios de la ciudad alcanzaron máximos históricos en la misma jornada.
La capital catalana, cuya cercanía al Mediterráneo suele moderar las temperaturas extremas, quedó así en el centro de un episodio de calor excepcional que afecta a gran parte del territorio español. La actual ola de calor, la segunda del verano, se extenderá al menos hasta el jueves y mantiene a varias regiones bajo alerta roja, el nivel máximo que advierte de un “peligro extraordinario”.
España, uno de los países europeos más expuestos al cambio climático, experimenta desde hace años un aumento en la frecuencia e intensidad de estos fenómenos. Las altas temperaturas, antes más habituales en el sur, se extienden ahora a zonas tradicionalmente más templadas, como el norte del país.
En ese contexto, Aemet informó que junio fue el segundo mes más cálido desde que hay registros, con una temperatura media 3,2 ºC por encima de lo normal, solo superado por el de 2025. La tendencia refuerza la evidencia de un calentamiento sostenido que impacta especialmente en la cuenca mediterránea, considerada uno de los puntos críticos del planeta.
Barcelona y su área metropolitana son particularmente vulnerables a este escenario. Además de su ubicación geográfica, la elevada densidad urbana intensifica el denominado efecto isla de calor, que eleva las temperaturas en zonas edificadas respecto de áreas rurales. A esto se suma la baja calidad térmica de numerosos edificios, especialmente en barrios históricos como Ciutat Vella y en zonas periféricas.
Otro rasgo del nuevo clima urbano es la reducción de la diferencia entre temperaturas diurnas y nocturnas, lo que impide que el ambiente se enfríe y provoca una acumulación progresiva de calor. La temperatura media anual en el centro de la ciudad ronda actualmente los 18 ºC, unos dos grados por encima de la registrada hace un siglo.
Medidas para mitigar el calor
Las autoridades locales han ampliado en los últimos años la red de refugios climáticos y promueven medidas para mitigar el impacto del calor. Entre ellas, el alcalde Jaume Collboni anunció un plan para instalar toldos en plazas y áreas abiertas emblemáticas, como la explanada del Born o el Portal del Àngel. Estudios académicos indican que estos dispositivos pueden reducir de manera significativa la temperatura radiante del suelo.
A su vez, el uso de aire acondicionado se ha expandido de forma acelerada en los hogares. Si bien permite aliviar el calor en el interior de las viviendas, su funcionamiento contribuye a expulsar aire caliente al exterior, agravando el efecto isla de calor y profundizando las desigualdades, ya que los sectores con menos recursos enfrentan mayores riesgos por la pobreza energética.
El impacto del calor también se hace sentir en el ámbito laboral. Trabajadores expuestos al sol, como jardineros y operarios, comenzaron a utilizar pulseras térmicas que monitorean la temperatura corporal y alertan ante posibles golpes de calor.
“Es un elemento más de seguridad. Como se supone que pita antes de que tengas síntomas, te permite salirte de la zona de trabajo, hidratarte y ponerte a la sombra”, explicó Antonio Reina, de 54 años, mientras realizaba tareas de mantenimiento en un jardín.
Estos dispositivos, similares a un reloj digital sin pantalla, se suman a protocolos que incluyen pausas periódicas, hidratación constante, uso de gorras refrescantes y la prohibición de trabajar en soledad.
Las medidas se implementan en un contexto de creciente preocupación por las muertes asociadas a las altas temperaturas, que suelen registrarse de forma indirecta y quedan reflejadas posteriormente en las estadísticas.
Agencia AFP y diario El País

