PARÍS.– Marine Le Pen será candidata a la elección presidencial de 2027, a pesar de la condena firme dictada hoy por la justicia francesa. Gracias a una reducción del periodo de inelegibilidad decidida por los jueces, la líder del partido de extrema derecha Reunión Nacional (RN) deberá hacer campaña portando una tobillera electrónica.
“Soy candidata a la elección presidencial”, anunció este martes por la noche Marine Le Pen en la televisión, agregando su intención de apelar la sentencia ante la corte de Casación —un recurso que no debería tener consecuencias sobre su candidatura— y, sobre todo, su intención de nombrar primer ministro a su delfín, Jordan Bardella, en caso de victoria.
La nueva situación de Le Pen se produce tras la decisión adoptada por la Corte de Apelaciones de París de París reafirmó la culpabilidad de Le Pen, pero redujo la pena a tres años de cárcel –uno de los cuales condicional, a condición de portar una tobillera electrónica– y 15 meses de inelegibilidad. La nueva configuración de su condena le permite, a priori, representar el próximo año al FN en las elecciones presidenciales, convocadas oficialmente para el 18 de abril y 2 de mayo de 2027.
La experimentada dirigente de 57 años, que fue candidata presidencial en 2017 y 2022 frente al actual mandatario Emmanuel Macron, había anunciado que no estaba dispuesta a presentarse por tercera vez si el tribunal la obligaba a portar una tobillera electrónica durante la campaña. Contrariamente a lo ocurrido en las precedentes ocasiones, esta vez los sondeos la consideraban principal favorita con un caudal de 32 a 34% de votos para la primera vuelta y cerca de 55% en el balotaje.
En previsión de un dictamen susceptible de impedirle competir en las urnas, el “plan B” definido personalmente por Marine Le Pen establecía que el candidato sería su delfín político, el joven dirigente Jordan Bardella, de 30 años, actual líder del bloque de extrema derecha en el Parlamento Europeo. Muy popular en redes sociales, carece sin embargo de experiencia de gobierno y nunca fue elegido para un cargo público importante en Francia. En cuanto a su experiencia como diputado europeo, sus adversarios políticos le reprochan su reducida presencia en el hemiciclo, mínima participación en los trabajos de comisión, su pertinaz silencio en los debates y escasa presentación de proyectos.
Después de un par de espectaculares fracasos en debates televisados, incluso sus propios simpatizantes del RN ponen en duda su capacidad para ejercer la jefatura del Estado en el único país de la Unión Europa dotado de armas nucleares y conducir los destinos de Francia –sexta potencia económica mundial– en un momento crítico de la situación internacional. Para colmo, su prestigio resultó salpicado a mediados de mayo, cuando la justicia europea abrió una investigación por sospecha de fraude por uso indebido de fondos públicos originalmente destinados a cursos de “media training” de Bardella y otros euro-diputados franceses de extrema derecha durante el periodo 2019-2024. En caso de llegar a ser primer ministro, ese escándalo podría estallar en pleno mandato presidencial.
Libertad de movimiento y campaña
La nueva decisión de la justicia francesa fue acogida con suspiros de alivio entre los principales dirigentes del RN, que nunca ocultaron su inquietud frente a la perspectiva de resignarse a un “plan B” que, a su juicio, no les garantizaba la victoria.
La decisión del tribunal, sin embargo, no satisface a Marine Le Pen, que se vería obligada a portar una tobillera electrónica durante 15 meses. La sanción recién quedaría sin efecto después de la elección y –en caso de victoria– justo antes de asumir el poder. La líder de extrema derecha y otros líderes políticos de primer rango criticaron esa decisión, que crea una configuración vergonzosa para una dirigente del más alto nivel europeo.
“Cuando alguien es candidato presidencial, debe contar con total libertad de movimiento”, afirmó en su última participación por televisión.
Le Pen tiene la posibilidad de obtener ciertas flexibilidades. Si ofrece las garantías necesarias, explican los especialistas, el juez de aplicación de penas podría acordar una reducción y podría tener que llevar esa tobillera solo durante seis meses en lugar de un año. En ese caso, su campaña quedaría parcialmente mutilada, pero eso redundaría en su beneficio pues le evitaría el desgaste y el cansancio que implica una campaña presidencial.
Este martes, inmediatamente después de escuchar la sentencia –que duró pocos minutos– Marine Le Pen abandonó los tribunales sin formular declaraciones y se dirigió a la sede de su partido en el XVI distrito de París para presidir una reunión del estado mayor de su partido. En ese marco, la dirigente analizó las diferentes hipótesis que le ofrece este nuevo escenario y se coordinaron los llamados “elementos de lenguaje” que debían desarrollar los portavoces del partido para presentar un relato coherente a los electores.

