Juan José Retamero, el empresario español que compró la mina Gualcamayo, tuvo esta semana un combo bastante particular: mientras en Madrid se sacaba fotos con Milei anunciando una inversión minera de US$1.500 millones, en San Juan la Justicia le cerraba la puerta en la cara por un asuntito de vino.
Iberte, la empresa vitivinícola de Retamero, le había adelantado a la bodega sanjuanina Fraccionadora San Juan casi US$600.000 (unos mil millones de pesos, para que se entienda la escala) a cambio de 25 millones de litros de vino. La demanda se fundó sobre el testimonio de Iberte que dice que la bodega entregó 142.300 litros. Hagan la cuenta, eso es como pedir un asado para cien personas y que te traigan un choripán.
Iberte, lógicamente indignada, fue a juicio para que le devuelvan la plata. Ganó en primera instancia, ganó en segunda instancia, parecía cantado, pero la Corte de Justicia provincial en un giro digno de telenovela, dio vuelta todo; dijo que el famoso «plan de cargas» del contrato no era una obligación tan sagrada como para reclamar devoluciones, y que Iberte tampoco pudo probar que la bodega hubiera incumplido. La demanda fue rechazada, y Retamero paga las costas de las tres instancias. Un golpe con final de «picó y se fue».
Lo curioso es que esta no es la primera pelea vitivinícola de Iberte, también litiga con Jugos Australes por mosto y con la mendocina Galán, y mantiene una batalla judicial de peso pesado contra Fecovita por la fallida sociedad Evisa, con reclamos cruzados por decenas de millones de dólares y la histórica bodega Resero de por medio.
El hombre llegó a San Juan a comprar una mina de oro y terminó coleccionando juicios de vino como quien junta figuritas. Ahora pide un segundo RIGI de US$1.500 millones para ampliar Gualcamayo, mientras todavía no arrancó los trabajos de Carbonatos Profundos, Retamero va a tener que decidir, minero, bodeguero, o litigante en todos los ámbitos donde actúa.

