Señor juez, no crea lo que ve. Busque al que se lo hizo ver y condénelo por buchón, botón, ortiva o batidor. Tiene para elegir.
Lo que acabo de escribir, querido lector, no es la transcripción textual de lo que dijo Jésica Cirio después de que LA NACION diera a conocer videos que la muestran manipulando fajos y fajos de dólares escondidos debajo de remeras, medias y calzoncillos de su exesposo Martín Insaurralde, alias el teflonero de Lomas de Zamora: todo le resbala, nada se le queda pegado.

La frase del arranque es apenas una interpretación desconcertada de la original de Jesi: “El acceso de terceros a mis archivos ha sido el producto de maniobras ilícitas”, dijo la muchacha sin negar la evidencia –los dólares, el “físico”, diría el valijero Fariña-, sino preocupada por el acceso a esas imágenes y, muy probablemente, porque el video está desplazando hoy de las primeras planas a la cascada y el pintball de Adorni, a la citación a indagatoria a Espert por los 200.000 dólares que recibió de Fred Machado y a las declaraciones de los pilotos de Néstor diciendo que transportaban bolsos con candados y sin controles a El Calafate como quien lleva el nene al colegio. Todas noticias que siguen repercutiendo a pesar del Mundial. Esta vez, pelota no tapa corrupto.
Esa situación me hizo acordar de un hecho insólito cuando, en La Rioja, una mujer intentaba defender a su sobrino ante las cámaras de TV, detenido por haber robado una moto. “Nosotros no robamos, solo vendíamos droga. Toda la vida nos dedicamos a eso”, dijo a un medio provincial como si el narcomenudeo no fuera delito. ¡Qué grande la tía!
“Nosotros no robamos, solo vendíamos droga. Toda la vida nos dedicamos a eso”
También me trajo a la memoria otro caso para el anecdotario. Un hombre fue a pedir fiado a un restaurante de Santa Cruz. Enfurecido por la negativa del dueño y, tras intentar robarle sin éxito los alimentos, volvió más tarde portando un arma. De los nervios, se le cayeron las balas y, cuando finalmente pudo cargarla, se le trabó. Frustrado hasta los tuétanos, terminó tirando las balas con la mano. ¡Con un delito ya estaba, señor! Hay ladrones que se mueren por sumar evidencias.
Se hizo pasar por muda durante 16 años y resulta que hablaba más claro y rápido que relator de una final de campeonato
Y después están los otros, los que ocultan hasta que los descubren. Sobre eso hubo un caso resonante en Andalucía. Una mujer fingió ser muda durante 16 años para cobrar una pensión como consecuencia de un hecho traumático padecido en el trabajo. La aseguradora que pagaba puntualmente el beneficio recibió sospechas de que la señora hablaba más claro y rápido que relator de una final de campeonato. Un detective la siguió y no solo vio que dialogaba fluidamente con vecinos del barrio, sino que él mismo recibió respuesta de la dama tras preguntarle por una dirección. La mujer se la dio. Desconocía que la estaban grabando. Adivine qué hizo la señora, querido lector, cuando su caso llegó a la Justicia: apeló la decisión basada en la supuesta ilegalidad de la grabación.
¡Ay, Dios! Parece que tanto acá como allá, la culpa la tiene el buchón, el botón, el ortiva o batidor.

