Durante más de dos décadas, el inversor argentino que quería exposición a las grandes empresas de Wall Street tuvo que resignarse a una versión local e imperfecta de esa realidad. Los CEDEARs (Certificados de Depósito Argentinos) cumplieron ese rol con eficacia relativa: permitieron comprar desde la Bolsa porteña una fracción de Apple, de Nvidia o del índice S&P 500, sin necesidad de abrir cuenta en el exterior ni lidiar con la burocracia bancaria internacional. Fue una solución ingeniosa para un país que históricamente hizo de la restricción cambiaria su marca registrada, pero esa solución siempre tuvo costos ocultos, y hoy, por primera vez, existen alternativas potencialmente superadoras: Esta semana Lemon, un exchange de activos digitales con más de cuatro millones de usuarios verificados en la región, lanzó la posibilidad de comprar acciones fraccionadas de más de 10.000 empresas que cotizan en bolsas de Estados Unidos, con un mínimo de un dólar por operación. Por primera vez, un argentino puede comprar una fracción de una acción estadounidense desde una aplicación local sin pasar por el mercado argentino.
A continuación analizaremos al detalle sus implicancias para el inversor argentino de a pie.
Lo que el CEDEAR siempre prometió pero nunca pudo cumplir del todo
Para entender por qué esto importa, hay que recordar qué es un CEDEAR con precisión. El mecanismo funciona así: un banco depositario internacional (típicamente Citibank o BNY Mellon) custodia las acciones reales en el exterior y emite certificados equivalentes que cotizan localmente en pesos. Cada certificado representa una fracción de la acción original, determinada por un “ratio de conversión” que varía según el instrumento. Quien compra un CEDEAR de Apple, en rigor, no compra acciones de Apple: compra un certificado local que las representa.
Ahí empieza el primer problema. El precio del CEDEAR no sigue al precio de la acción subyacente en Nueva York en forma directa: está mediado por el tipo de cambio implícito que usa el mercado local, que históricamente fue el dólar contado con liquidación (CCL). Esto genera una distorsión permanente: si la empresa tiene buenos resultados y su acción sube en Wall Street, pero el CCL cae simultáneamente, el CEDEAR puede quedar quieto o incluso bajar. El inversor que creyó comprar exposición a Nvidia terminó comprando también, sin saberlo del todo, una posición sobre el tipo de cambio financiero argentino. Son dos variables en lugar de una, y esa duplicidad complica cualquier análisis. El segundo problema es el horario. Los CEDEARs operan de 11 a 17 horas en el segmento continuo, con una subasta de cierre hasta las 17:30. Fuera de esa ventana, no hay mercado. Si hay un evento de mercado relevante fuera de ese horario (un dato de inflación en Estados Unidos, una decisión de la Reserva Federal, un resultado trimestral de una empresa), el inversor local no puede reaccionar hasta el día siguiente, cuando el precio ya se movió.
La nueva alternativa y lo que cambia en la práctica
El exchange argentino en cuestión resolvió el problema desde otro ángulo: en lugar de emitir certificados locales, ofrece acceso directo a acciones reales custodiadas en Estados Unidos, con la empresa americana Alpaca Securities como intermediario regulado. La custodia está supervisada por la SEC y FINRA, y los activos cuentan con la protección del SIPC (Securities Investor Protection Corporation) de hasta 500.000 dólares por cliente (incluyendo hasta 250.000 dólares en efectivo) en caso de insolvencia del custodio. Adicionalmente, Alpaca Securities cuenta con un seguro adicional que eleva esa cobertura hasta 30 millones de dólares en valores por cuenta, con un límite agregado de 150 millones de dólares sobre todas las cuentas de clientes. No es un fondo de garantía de depósitos bancario: es una protección específica contra la quiebra del intermediario, que cubre los valores que el cliente ya tiene registrados a su nombre.
Este es el punto que más diferencia al modelo del CEDEAR: la acción queda registrada a nombre del inversor en Estados Unidos. No es un certificado local respaldado por un activo en el exterior; es el activo directamente, con el inversor como titular nominal. La operación se puede realizar con pesos o con dólares digitales, los mínimos son de un dólar, y el horario cubre las 24 horas, lo que permite reaccionar a noticias fuera del horario tradicional de bolsa. Lo que esto significa en términos concretos es notable. Un ahorrista con 100 dólares puede hoy armar un portafolio diversificado que antes era inaccesible sin abrir cuenta en el exterior: una fracción del ETF SPY (que replica al S&P 500), una fracción del SOXX (que sigue al sector de semiconductores) y hasta una posición en SpaceX (que comenzó a cotizar en bolsa recienteente bajo el ticker SPCX) si así lo desea. La inversión mínima no es el precio de una acción entera de Tesla ni el ratio de conversión de un CEDEAR: como ya mencionamos es tan baja como un dólar.
El broker americano como alternativa: lo que nadie explica bien
Existe una tercera opción que muchos inversores argentinos con mayor sofisticación ya utilizan: abrir cuenta directamente en un broker americano regulado, fondearla con una transferencia desde el exterior y operar en el mercado original sin intermediarios locales. La ventaja principal es el acceso total: todos los instrumentos, todos los horarios, precios en tiempo real y sin capas intermedias. Las comisiones son competitivas y la protección SIPC aplica exactamente igual.
El problema es el proceso de acceso. Aunque los brokers online americanos más grandes no suelen exigir un depósito mínimo formal para abrir la cuenta, el flujo de fondos desde Argentina requiere resolver el envío de dólares al exterior, algo que involucra al banco local, a la normativa cambiaria vigente y a la capacidad operativa del inversor para navegar ese proceso sin errores. Para el ahorrista promedio que nunca hizo una transferencia SWIFT, que no tiene una cuenta en dólares activa o que opera con montos menores a los que justifican los costos de transacción bancaria, la barrera de entrada es real. El nuevo modelo del exchange local elimina esa barrera casi por completo: la cuenta ya existe, el dólar digital ya puede estar allí desde el día anterior, y la compra de la acción es tan directa como enviar dinero a un contacto.
Por qué los CEDEARs no mueren mañana, pero su tiempo se acorta
Sería un error proclamar hoy la muerte del CEDEAR como instrumento. Todavía ofrecen una ventaja fiscal relevante para personas físicas en Argentina: las ganancias por venta de CEDEARs que cotizan en mercados locales están exentas del impuesto a las ganancias, mientras que los dividendos de las empresas extranjeras que representan se consideran renta de fuente extranjera y tributan según la escala progresiva del impuesto. El tratamiento impositivo de las acciones adquiridas a través de plataformas con custodia en el exterior puede diferir, y cada inversor debería consultar a su asesor impositivo antes de migrar capital entre esquemas.
También es cierto que muchos fondos comunes de inversión argentinos utilizan CEDEARs como activos subyacentes dentro de su estructura regulada por la CNV, lo que les da acceso a un universo de inversores que no puede o no quiere operar fuera del sistema local de ninguna manera. Pero la dirección del cambio está clara. La CNV ya habilitó en agosto de 2025, mediante la Resolución General N° 1081, la representación digital de acciones y hasta de los propios CEDEARs sobre blockchain, ampliando el régimen de tokenización iniciado con la RG 1069. Argentina tiene hoy el primer marco regulatorio específico para tokenización de activos del mundo real en América Latina, y eso no es una anécdota: es la señal de que el propio regulador reconoce hacia dónde va el mercado. La pregunta que el inversor argentino debería hacerse hoy no es si los CEDEARs van a desaparecer, sino si sigue teniendo sentido pagar el costo implícito del tipo de cambio CCL como variable no deseada en sus inversiones, limitarse al horario bursátil local y resignarse a la liquidez diferencial, cuando por primera vez en la historia puede acceder a las mismas acciones, registradas a su nombre en Estados Unidos, desde el teléfono, con un dólar de capital mínimo. La blockchain dejó de ser una promesa para convertirse recientemente y para millones de argentinos, en la forma más directa que jamás tuvieron de participar en los mercados globales. La seguimos la semana próxima con más material de Finanzas Personales e Inversiones.

