Si el kirchnerismo fuera un club de fútbol, hace rato que los socios estarían pidiendo elecciones anticipadas, auditoría contable y detector de metales en la puerta.
Porque una cosa es perder alguna final. Otra muy distinta es convertir la derrota en un modelo de gestión.
Desde 2013, Cristina Fernández eligió siete candidatos importantes. Seis terminaron mordiendo el polvo. La única excepción fue Alberto Fernández en 2019, cuando Mauricio Macri llegaba tan golpeado económicamente que hasta el dólar parecía candidato opositor.
A cualquier director técnico con semejante estadística lo hubieran despedido antes del tercer campeonato. Pero Cristina no sólo manda fuertemente en el PJ, sino que hace poner de rodillas a los que le dijeron que está terminada.
2013: Insaurralde, el candidato descartable
Cristina eligió a Martín Insaurralde para enfrentar a Sergio Massa.
Massa le respondió con una paliza electoral.
El problema de Insaurralde era simple: tenía menos carisma que un ticket de estacionamiento vencido, no así para enfiestarse con una profesional en un hermoso yate del Mediterráneo.
La Presidente creyó que el 54% de 2011 era transferible como saldo de Mercado Pago.
No lo era.
Cuando llegaron los resultados, Massa celebró y Cristina terminó un luto de tres años que ya estaba durando más que explicación de Adorni justificando la guita no declarada, o de Intendente que le alquila un departamento a su nuevo gatito en Hermógenes Ruiz y José Ig. De La Rosa.
2015: Scioli, Zannini y el Ferrari con freno de mano
Daniel Scioli arrancó la campaña como favorito.
Entonces apareció Cristina para «ayudar», primero le armó la estrategia del debate presidencial, después le encajó a Carlos Zannini como compañero de fórmula para terminar de hundirlo
Fue como regalarle a alguien un auto deportivo y obligarlo a manejar con el freno de mano puesto.
Macri no podía creer semejante gentileza.
Ganó el balotaje y Cristina inauguró su larga etapa como ex presidenta enojada con el universo.
2017: Cristina candidata y derrotada
Convencida de que seguía siendo invencible, decidió competir personalmente en la provincia de Buenos Aires, la famosa «madre de todas las batallas», terminó siendo la madre de todas las derrotas.
Esteban Bullrich la venció y el mito de la imbatibilidad quedó archivado junto a los discursos sobre la década robada. Los bolsos de José López seguían apareciendo en cada conversación política como un fantasma con contador de dólares incorporado.
2021: Tolosa Paz y la foto que valió una elección
Mientras la sociedad salía de una cuarentena interminable, el Gobierno decidió regalarle a la oposición una obra maestra de la autodestrucción política: la fiesta de cumpleaños de Fabiola Yáñez en Olivos, con semejante mochila, Cristina y Alberto Fernández apostaron por Victoria Tolosa Paz. Perdieron. Ni los médicos, ni las vacunas, ni los actos lograron tapar una foto que valía más que mil spots de campaña.
2023: Massa contra la inflación y contra la realidad
Llegó Sergio Massa, el hombre humo, capaz de convencer a cualquiera de cualquier cosa, excepto a los votantes de que la inflación del 220% era una buena noticia. La campaña fue una especie de Titanic administrado por el propio ministro encargado de evitar el iceberg, y el resultado fue previsible. Javier Milei llegó con una motosierra, el oficialismo respondió con una calculadora sin pilas.
2025: Jorge Taiana y el arco sin arquero
El caso más impresionante, el peronismo llegaba con viento a favor, los libertarios acumulaban problemas, la oposición ofrecía flancos por todos lados, era una elección para ganar caminando. Pero apareció nuevamente Cristina Kirchner para garantizar la derrota, eligió a Jorge Taiana. Taiana decidió no debatir, cometió errores no forzados, y transformó una elección favorable en una derrota de colección, lograr perder con semejante escenario era casi una proeza estadística, pero los Kirchner lo hicieron posible.
2027: ¿Otra vez sopa?
Ahora Máximo Kirchner anuncia que van a dejar la vida para que Cristina Kirchner sea indultada y candidata, la frase es conmovedora sobre todo porque los votantes ya vienen dejando la paciencia desde hace varios años. El niño se hace el que no sabe que Cristina Kirchner posee una condena firme, una inhabilitación para ejercer cargos públicos de por vida y niveles de imagen negativa que compiten cabeza a cabeza con una factura del gas.
Pero el kirchnerismo nunca se rindió ante cosas menores como la realidad, desde que Néstor Kirchner llegó a la intendencia de Río Gallegos en 1987, pasaron cuarenta años, cuatro décadas. En los últimos catorce años, cada vez que Cristina eligió al protagonista, la taquilla terminó vacía, aun así sigue el peronismo a sus pies, hay amores imposibles de abandonar, algunos aman el tango, otros aman el fútbol, Cristina Kirchner ama elegir los candidatos para que pierdan. Aunque la estadística la persiga con la misma insistencia con la que el Coyote persigue al Correcaminos.

