Este muchacho me hace acordar al que decía ¡»vamos ganando…»! en 1982, en este caso cada día hay una versión distinta con respecto a cómo hizo la guita que recién declaró. Cada vez que abre la boca nace una realidad alternativa, Marvel está estudiando el caso porque ni el multiverso tiene tantas líneas temporales.
Adorni dijo que se había ido solo unos días a Punta del Este, una imagen conmovedora.
Un hombre sencillo, un ser austero, un ermitaño de la administración pública, una mezcla entre Gandhi y un jubilado esperando el colectivo de La Red Tulúm que no llega nunca. Hasta que aparecieron los viajes, y aparecieron, y aparecieron, y siguieron apareciendo, Punta Cana, Cancún, Río, Bariloche, Nueva York, Montevideo, Iguazú, Mar del Plata, otra vez Nueva York, Cancún.
A esta altura el pasaporte de Adorni tiene más sellos que una media res de carnicería en vísperas de Navidad, el Google Maps pidió carpeta psiquiátrica, y le mandó una carta documento por explotación laboral. Después vino la declaración jurada que según Adorni estaba impecable, tan impecable que le faltaban U$S500.000 dólares, nada grave.
Un error normal, a cualquiera le pasa, ¿quién no salió alguna vez de la casa y se olvidó medio millón de dólares arriba de la mesa de luz?. A cualquiera, lo curioso es que cuando un jubilado se equivoca veinte pesos en una declaración, ARCA aparece como un comando de élite, pero cuando desaparecen quinientos mil dólares, resulta que fue un malentendido administrativo, un acto de magia financiera.
David Copperfield desaparecía la Estatua de la Libertad, Adorni desaparece medio millón de dólares, y el mago Carbajal nunca pudo hacer desaparecer al Pillin Doufur. Ahora llegó la leyenda del Bitcoin, y acá ya entramos en el terreno de la ciencia ficción.
Según una versión, Adorni descubrió Bitcoin antes que medio planeta, era un iluminado, un profeta, un chamán digital, un gurú del blockchain. El tipo veía una computadora apagada y ya generaba rentabilidad, pero después aparecen videos donde parece saber de criptomonedas lo mismo que una alpargata sabe de energía nuclear.
Entonces uno ya no entiende, ¿estamos ante el Elon Musk argentino?, ¿o ante un chanta que confundió Bitcoin con un grupo de cumbia colombiano? Lo mejor de Adorni es que ya no necesita opositores, se contradice sin ayuda, él solo se destruye las versiones anteriores de sí mismo, es una pelea permanente de Adorni contra Adorni.
Round 1.
Round 2.
Round 37.
Round 89.
A esta altura los periodistas y los jueces no necesitan investigarlo, solo tenemos que esperar, en unas horas aparece otro video donde se contradice solo. Después vino el episodio romántico, la historia de amor mucho más barata que la de Néstor y Cristina Kirchner, o la de Clerici con Insaurralde, o de Wanda Nara con Icardi, pero más cara que la de Romeo y Julieta.
Nos dijeron que los aviones presidenciales no eran para familiares, perfecto, fantástico, excelente, aplausos, ovación, y dos años después aparece la esposa viajando en el avión presidencial. La explicación fue espectacular, «Es mi compañera de vida.» dijo…, hermoso, maravilloso, conmovedor, entonces mañana cualquier funcionario puede subir a la suegra porque es compañera de sobremesa y no eructa mientras juegan al truco, al perro porque es compañero emocional, al loro porque es compañero de charla, al vecino porque le estás afanando la conexión a internet y no lo sabe. El Tango 01 termina pareciéndose a un omnibus del PAMI lleno de jubilados rumbo a las Termas de Río Hondo. Hay tantos Adornis distintos que Mattel (la que fabrica a Barbie) debería fabricar muñecos, Adorni viajero, Adorni bitcoin, Adorni Anti-Bitcoin, Adorni Republicano, Adorni Medio Millón, Adorni Anti-Casta, Adorni Casta Premium Plus, ¡¡Coleccionalos todos!!….Juntá diez contradicciones y ganate un pasaje a Cancún en avión privado.
Este tipo es el Rey Dasmi, porque es el Rey Midas al revés. Lo más impresionante es que el gobierno tiene noticias económicas para mostrar, pero cada vez que aparece Adorni las convierte en humo. Definitivamente es el Rey Midas con otros poderes, porque todo lo que toca se transforma en escándalo. Baja la inflación, aparece Adorni, baja el riesgo país, aparece Adorni, mejoran los indicadores, aparece Adorni.
Es como un apagón comunicacional con piernas, y acá está el remate más hermoso. Apareció en escena prometiendo combatir la casta, se presentó como exterminador de ratas y privilegios, como cazador de políticos, como auditor de la moral pública, y terminó pareciéndose a aquello que venía a combatir y a meter en cana.
Es como si Batman terminara afiliándose al sindicato de los villanos, o si el Chapulín Colorado se hiciera socio de los ladrones, o si algún candidato a gobernador no prometiera el Túnel de Agua Negra en la campaña. Hoy Adorni ya no es un funcionario, es un género literario, es realismo mágico tributario, fantasía financiera, comediante involuntario. Es una novela de los 70 donde la mala que era paralítica en realidad no lo era, y no quería que su amado la dejara por la vecina buena, obviamente escrita por borrachos amigos míos después de un asado en Zonda.
Porque cuando una persona tiene cinco versiones sobre la misma historia, el problema deja de ser la memoria, y pasa a ser el respeto por la inteligencia ajena, y ahí está Adorni. Corriendo detrás de sus propias declaraciones, tratando de alcanzar a sus viejas versiones antes de que las redes vuelvan a reproducirlas, como un hombre perseguido por el enemigo más peligroso de todos…Manuel Adorni.

