UNA VERGUENZA QUE EL GOBIERNO NO RECONOZCA A UN SECTOR QUE LO APOYÓ CASI EL 100% PARA QUE GANE LAS ELECCIONES
Mientras el Gobierno celebra cada décima del superávit fiscal como si hubiera conquistado Marte, hay una realidad que no entra en las planillas del Ministerio de Economía, los hombres y mujeres de las Fuerzas Armadas están cada vez más cerca del delivery que de la estabilidad económica.
La escena parece escrita por un humorista chileno. Un suboficial que custodia instalaciones estratégicas durante el día termina la jornada arriba de una motocicleta repartiendo pizzas para completar el sueldo, un oficial que estudió años para servir a la Nación debe manejar para una aplicación porque el salario militar ya no alcanza ni para combatir al enemigo más peligroso de todos, la inflación.
El gobierno de Javier Milei repite hasta el cansancio que está reconstruyendo la Argentina, sin embargo, hay una pregunta incómoda que nadie parece querer responder; ¿Como se fortalece la defensa nacional cuando quienes deben defenderla están buscando un segundo empleo para pagar el alquiler?. El discurso oficial habla de modernización, eficiencia y orden fiscal, y la realidad habla de uniformados haciendo cuentas en la mesa de la cocina para decidir qué factura pagar primero y cuál dejar para el mes siguiente.
La paradoja es monumental, desde los discursos oficiales se exalta el patriotismo, el sacrificio y la importancia estratégica de las Fuerzas Armadas, pero cuando llega el momento de reconocer ese esfuerzo en el recibo de sueldo, aparece la motosierra. Y la motosierra no distingue grados, jerarquías ni destinos, corta igual para el soldado del sur, para el marino que pasa meses lejos de su familia o para el aviador encargado de custodiar el espacio aéreo argentino, (Si es que hay combustible para los aviones).
Lo más llamativo es que este ajuste golpea precisamente a las instituciones de las FF.AA. y las fuerzas de seguridad que el propio oficialismo suele reivindicar en términos simbólicos. Los aplausos ahora abundan, nuestros uniformados pasaron de ser escupidos, maltratados y atacados por el kirchnerismo a ser tratados como corresponde de acuerdo a la función que cumplen. Pero los aumentos no llegan. La situación ha llegado a un punto tan absurdo que ya no se discute cómo mejorar la capacidad operativa de las Fuerzas Armadas, se discute cómo hacer para que sus integrantes lleguen a fin de mes.
Y cuando un país naturaliza que un militar tenga que salir a repartir pedidos después de cumplir guardias, el problema ya no es salarial, es de estupidez política. El mensaje que recibe el personal es brutalmente simple, la Nación necesita que estés disponible las 24 horas para servirla, pero el Estado no está dispuesto a pagarte un salario que te permita vivir dignamente, como deben vivir también dignamente los agentes de la salud, la educación, y las fuerzas de seguridad internas.
Las FF.AA. no piden privilegios, no piden fortunas, no piden convertirse en millonarios. Piden algo mucho más básico, que el trabajo de defender la soberanía argentina valga más que una tarifa dinámica de una aplicación de reparto. Miles de militares siguen en las distintas unidades militares de la Argentina, haciendo equilibrio entre la vocación y la supervivencia. Es una vergüenza esta nueva forma de operar de la defensa nacional, prepararse para defender a la patria de día y repartir hamburguesas de noche.

