Mientras el ministro Luis Caputo asegura que hace dos años estábamos peor, millones de argentinos siguen jugando a un clásico nacional: intentar que el sueldo sobreviva hasta el día 30.
Los números muestran una realidad incómoda. Los salarios formales perdieron poder de compra desde diciembre de 2023, las jubilaciones mínimas retrocedieron y las tarifas se dispararon muy por encima de la inflación. La AUH mejoró, pero no alcanza para compensar el golpe que reciben muchos hogares.
El consumo sigue en baja. En los supermercados se compra menos, se eligen envases más chicos y las marcas económicas ganan terreno. Traducido al castellano: el changuito hace cada vez más ruido porque lleva menos cosas.
Para llegar a fin de mes, muchas familias recurren a ahorros, préstamos o tarjetas. El problema es que después llega la cuenta. La morosidad bancaria alcanzó niveles récord y cada vez más argentinos financian la comida, los servicios y los gastos cotidianos con dinero prestado.
En resumen, la economía muestra inflación más controlada, pero para gran parte de la clase media y los sectores populares el fin de mes sigue siendo una montaña difícil de escalar. Y como ocurre en toda competencia extrema, cada mes hay menos ganadores y más sobrevivientes.

