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Opinión

Una encíclica para tiempos de inteligencia artificial

Última actualización: 2 de junio de 2026 4:48 am
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Celebrando el famoso documento del papa León XIII titulado Rerum novarum (mayo de 1891), el actual pontífice, quien tomó de él el nombre, hizo pública su primera encíclica Magnifica humanitas para retomar las reflexiones sobre la doctrina social de la Iglesia en la problemática contemporánea. Se presenta como un documento “sobre la custodia de la persona humana en el tiempo de la inteligencia artificial” y parece prometer un marcado interés más allá de los fieles católicos. Escrita con un lenguaje claro, firme y respetuoso, se propone llamar la atención frente al gran desafío personal y social que comporta el auge de las nuevas tecnologías. Afirma el Papa: “En un mundo donde pocos sujetos concentran datos, capital informático y capacidad normativa, hablar de bien común significa desenmascarar esta nueva asimetría epistémica, económica y política, nombrando los nuevos monopolios de la IA”. En la presentación lo acompañó también Chris Olah, joven gurú de la IA.

Con abundantes citas a personajes clásicos y de nuestro tiempo, León XIV recuerda muchos textos de su predecesor Francisco y de numerosas otras personalidades: hombres y mujeres de diferentes disciplinas y épocas, como Platón, Tomás de Aquino, Víctor Frankl, Hannah Arendt o Tolkien, entre otros. Desde una esperanza que reclama discernimiento y responsabilidad por parte de todos, la carta cuenta con una valiosa introducción que invita a la lectura y llama a edificar el bien común con una voz “humilde pero firme”, porque cada uno puede y debe ofrecer su contribución en esta crucial tarea. También recomienda evitar “palabras que humillan” y acabar con las guerras en curso que tanto sufrimiento y dolor provocan a millones de personas, incluyendo niños, mujeres, ancianos y enfermos.

Uno de los ejemplares de la encíclica “Magnifica Humanitas» ALBERTO PIZZOLI – AFP

El documento es un interesante resumen del pensamiento social de la Iglesia para todos los seres humanos, a los que considera “compañeros de camino”, en cuanto busquen sinceramente “la verdad, la bondad y la belleza”. A partir de la encíclica mencionada de León XIII en tiempos de la revolución industrial, y recordando que defendía los derechos obreros y condenaba tanto el capitalismo descontrolado como el socialismo marxista, hablaba de salario justo, libertad sindical y derecho de propiedad, temas que se extienden hasta el presente. Con particular atención puesta en el Concilio Vaticano II, momento fundamental para la Iglesia contemporánea, recuerda a los papas Juan XXIII y Pablo VI. Ciertamente ellos escribieron documentos clave en la renovación del catolicismo y abrieron el diálogo con toda la sociedad.


Democracia, necesidad urgente de paz, dimensión mundial de los problemas, defensa de la vida, importancia de la educación pública y autonomía de las competencias humanas son algunos de los ejes de la nueva encíclica papal


Si bien no es fácil que una encíclica papal atraiga a muchos lectores y signe los tiempos sociales, algunas fueron decisivas para la toma de conciencia y la acción solidaria. En este documento en particular se habla de la democracia, de la necesidad urgente de la paz, de la dimensión mundial de los problemas, de la defensa de la vida, de la importancia de la educación pública, de la autonomía de las competencias humanas, del ámbito religioso y del de la política sin confundir o mezclar los planos.

En varias ocasiones, hace referencia a humanizar la vida, a darle dignidad al trabajo, a defender siempre el bien común y a abrir los horizontes de la política internacional. No deja de señalar el destino universal de los bienes, la justicia y la solidaridad. Denuncia como lo hizo su inmediato predecesor la “cultura del descarte”. En el ambiente creado por la Inteligencia Artificial se ocupa de los migrantes y los refugiados y, fiel al término acuñado por Francisco, se refiere a la “casa común”. Advierte sobre la tecnocracia y la revolución digital, a las que les reconoce muchos valores, pero observa que no son neutrales, pueden ser buenas o malas según quienes las gobiernan. De allí la necesidad de un control independiente y ético. Utiliza la expresión “desarmar la Inteligencia Artificial” y habla de la necesidad imperiosa de asumir responsabilidades para la transparencia y la gobernanza de la IA, porque no podemos perder nuestra humanidad y el sentido de la existencia, sino que debemos defender el corazón y la grandeza del ser humano. En un momento, a propósito de esta conciencia que se expresa también en el arte, se refiere al Guernica de Picasso y a la Novena sinfonía de Beethoven. No se olvida, claro está, de los valores sociales encarnados por Martin Luther King, Teresa de Calcuta y Nelson Mandela. En nombre de la Iglesia, pide perdón por la esclavitud, recuerda el horror del holocausto y denuncia el pecado de la industria bélica.

Condena los nuevos colonialismos, la tragedia del desempleo, la idolatría del lucro y todo lo que impida admirar el misterio de la persona. También fustiga la utilización negativa de los datos y algoritmos, “porque en la era de la IA y de la robótica, ya no es posible confiar únicamente en la mano invisible del mercado”. Y más adelante: “La política tiene la tarea de orientar las dinámicas económico-tecnológicas hacia el bien común, promoviendo el trabajo digno y la inclusión social”. Elogia a organizaciones como la ONU, el papel de muchas mujeres que ofrecen esperanza al mundo, recuerda la “civilización del amor” como aquel sueño de Pablo VI, destaca toda la labor diplomática que intentó frenar los conflictos bélicos y, finalmente habla sobre la fe de la virgen María, “tejedora de esperanza”, a quien invita a imitar.

Como el propio Papa había dicho en su primera misa, es necesario construir juntos “un mundo nuevo donde reinen la paz, la justicia, el cuidado de la creación y la dignidad de los más pequeños”.




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