En Chimbas no sólo cargaban combustible: aparentemente también cargaban paciencia judicial. Ocho playeros de una estación de servicio quedaron bajo la lupa por una presunta defraudación que supera los 15 millones de pesos, una cifra que hace llorar hasta al surtidor más frío.
La Justicia investiga una ingeniería creativa digna de un MBA en “viveza criolla aplicada”, donde cada carga parecía venir con regalo incluido… pero para bolsillos ajenos. Mientras los clientes apenas juntan monedas para poner “diez mil de súper”, la maniobra habría funcionado a ritmo de tanque lleno y controles vacíos.
Ahora, los involucrados están más nerviosos que aguja de combustible en víspera de aumento. Porque una cosa es redondear el vuelto y otra muy distinta convertir la estación en una financiera clandestina con aroma a nafta premium.
La investigación avanza y promete dejar más de uno en reserva.

