Imaginate que organizás un asado gigante en el patio de tu casa (San Juan). Vos ponés el lugar, las brasas y una heladerita llena de oro y cobre, de repente llega un invitado recontra millonario en limusina (las empresas mineras extranjeras) auspiciado por tu tío copado que vive en Buenos Aires (el Gobierno Nacional con su famoso RIGI, el Régimen de Incentivo a las Grandes Inversiones).
El tío del RIGI le dice al millonario: «Pasá, viejo, sentate cómodo. Traé la carne de afuera, el fernet de afuera, el hielo de afuera y no te preocupes por limpiar». Pero cuando el millonario va a prender el fuego, saltás vos con el palo de amasar en la mano y le gritás: «¡Pará la mano, che! ¡Acá el carbón se lo comprás a Don Carlos, el pan a la Mecha y los chorizos son de la carnicería de la esquina, o se pudre todo!». Exactamente ese es el bolonqui regulatorio que se está armando en este momento.
El Gobierno Nacional armó el RIGI como un pase libre de boliche para los inversores extranjeros. Básicamente les dijeron: «Vengan, pongan miles de millones de dólares y les cobramos dos mangos de impuestos, es más, si quieren traer un tornillo de Suiza o un camión gigante de China, traigan nomás. Con que nos compren un 20% de cosas argentinas para disimular, estamos chochos». La idea nacional es, «Que entren los dólares y después vemos».
Pero en San Juan miraron el asunto y dijeron: «¿Ah, sí? Muy lindo tu RIGI federal, pero acá las camionetas van a gastar nuestras rutas, van a usar nuestra agua y se van a llevar las piedras brillantes. ¡Así que nos van a comprar a nosotros!». La provincia está cocinando una «Ley de Compre Local» para obligar a las mineras a contratar proveedores de la zona, es decir, que si la minera necesita un catering, repuestos, ropa de seguridad o alguien que les barra el campamento a 4.000 metros de altura, tiene que ser un sanjuanino de pura cepa, preferentemente que sepa preparar un buen chivito y sea devoto de la Difunta Correa.
Las megamineras (que manejan proyectos gigantes , como Josemaría o Vicuña) están en el medio de este divorcio exprés. Miran sus calculadoras y sudan frío, por un lado, el Presidente les dice: «¡Sean libres como el viento, importen todo!». Por el otro, el gobernador Orrego les dice: «Ojo con lo que bajás del camión porque te metemos una multa que te va a costar un yacimiento».
Los empresarios advierten que si San Juan se pone muy «pesada» con las exigencias, los inversores podrían armar las valijas e irse a buscar cobre a otra provincia más «flexible» (o cruzar la cordillera a Chile). Mientras tanto, en los pueblos cercanos a las minas, la gente mira los cerros y se pregunta si la famosa «lluvia de inversiones» va a llegar en forma de billetes verdes o si el RIGI va a terminar significando «Régimen para Quedarse Con las Ganas de Invertir».

La minería en Argentina es como un partido de fútbol de potrero, la Nación quiere jugar con las reglas de la FIFA, la provincia quiere aplicar el reglamento local, y la pelota (los dólares) todavía está viendo si entra a la cancha o se pincha antes de empezar.

