En una reunión donde abundaron los trajes, las sonrisas protocolares y el aroma a café caro con edulcorante empresarial, Marcelo Orrego recibió al mandamás de la Unión Industrial Argentina para hablar del futuro industrial vinculado a la minería. Es decir “muchachos, si sale el cobre, capaz dejamos de emparchar la provincia con curitas”.
Orrego destacó el “potencial industrial” de San Juan, y claro que lo hay: una provincia donde cada cerro vale más que cualquier grupo de departamentos en Miami, pertenecientes a ex gobernadores en general, y donde el subsuelo tiene más dólares que el colchón de Hugo Moyano
Desde la UIA miran a San Juan como quien mira un bife ancho después de una semana de arroz blanco, porque la minería promete inversiones millonarias, empleo y movimiento económico, aunque también despierta la clásica fiebre política del “yo también quiero una tajada”. En épocas de vacas flacas, el cobre ya no es un mineral: es directamente un santo pagano.
Mientras tanto, algunos empresarios asentían con entusiasmo, imaginando fábricas, exportaciones y crecimiento industrial. Otros hacían cuentas mentales, y algún vivo pensaba: “¡esto es la gloria, muchas, muchas, muchas licitaciónes para arreglar con mi primo!”.
La reunión dejó una conclusión clara; San Juan tiene recursos para convertirse en una potencia industrial, siempre y cuando la burocracia no haga lo que mejor sabe hacer que es transformar una Ferrari minera en un Siam Di Tella a gas y con ruedas cuadradas.
En Argentina el problema nunca es encontrar riqueza. El problema es que, apenas aparece, llegan veinte funcionarios nuevitos con hambre de gloria, y de guita tambien, quince asesores, tres consultores que ya sabemos quienes son, dos punteros y un cuñado diciendo: “esto hay que administrarlo y de la mejor manera, o sea lo administro yo”.
Y así seguimos, soñando con el cobre salvador, mientras los políticos hablan de futuro y los ciudadanos miran la billetera preguntándose si el “derrame económico” es una leyenda urbana, viene por cañería u otra vez se evaporó antes de llegar.

