En un episodio que podría titularse “Rápido y Furioso: edición Caucete”, tres iluminados decidieron salir a pasear en un Fiat Uno cargados como si fueran el catálogo completo del delito argentino: armas, municiones y hasta cocaína, todo en combo familiar. Porque claro, si vas a delinquir, hacelo bien surtido.
La escena era digna de una feria ilegal itinerante: revólver, pistola, rifle, cuchillos, hacha… faltaba nomás una parrilla y arrancaban con “Armas & Asado S.A.”. Pero no, muchachos, era un control policial, no la Expo Delito 2026. El problemita, detalle menor, es que la Policía no estaba de paseo espiritual, los frenaron, miraron adentro del auto y encontraron más «fierros» que en Benavidez Materiales y más sospechas sobre el administrador que en reunión de consorcio. El resultado es que los tres terminaron más bloqueados que tarjeta de débito de docente el dia 15.
Uno de los personajes, dicen, ya era conocido en el “ambiente”, no era su primer capítulo en la serie “Criminales sin suerte”, hay gente que colecciona estampillas, y hay otros que coleccionan causas judiciales y condenas Ahora la Justicia investiga de dónde salió semejante arsenal y qué pensaban hacer; ¿abrir una sucursal de Kaos?, ¿un emprendimiento delictivo con franquicia? Lo único claro es que el Fiat Uno no era un auto, era un Uber del crimen, y y lloraba porque extrañaba a su verdadero dueño. Esta vez, el viaje terminó directo en la comisaría, sin escalas y con todo el servicio premium de la Justicia Federal a cargo.

