Exigen que la plata vaya al básico y deje de ser ese parche prolijo que el Gobierno usa para simular que paga mejor mientras licúa ingresos a largo plazo. La discusión no es técnica, es política. Porque cuando el Ejecutivo ofrece sumas no remunerativas, lo que en realidad está diciendo es “te doy ahora, pero te saco después. No impacta en antigüedad, no suma para la jubilación, no construye salario: es pan para hoy y agujero para mañana». Los dirigentes dicen además que, como si eso no alcanzara, aparece la otra amenaza; los descuentos por paro. Des UDAP dicen que «El mensaje es claro, protestá si querés, pero te lo cobramos. Los gremios lo rechazamos de plano y exigimos que no se castigue el derecho a reclamar, mientras el ministro de Hacienda Gutierrez se sienta en la paritaria como quien deja un garrote apoyado sobre la mesa, en las paritartias somos pares, no empleados de él ni de nadie.
En el fondo, el conflicto desnuda algo más terrible, una negociación donde una parte llega con números en rojo y la otra con sueldos pulverizados. El Ejecutivo habla de caída “abismal” de recursos; los docentes hablan de salarios que ya no alcanzan ni para sostener el mes. Dos crisis que chocan, pero que no pesan igual en el bolsillo. La oferta oficial —bonos, sumas fijas, aumentos escalonados— no convenció a nadie del lado docente. La titular de UDA declara que «Ya conocemos el truco, plata que no se integra al salario es plata que se evapora, por eso rechazamos la oferta, y el conflicto sigue en pie. El resultado es el de siempre: una paritaria que no cierra, un Gobierno que estira, gremios que endurecen y una educación que queda en el medio. La próxima reunión dirá si hay acuerdo… o si esto sigue escalando. Pero a esta altura, ya no se discuten porcentajes: se discute quién paga el costo del ajuste, y por ahora, todo indica que los docentes a viva voz dicen «No estámos dispuestos a seguir siendo la variable del sacrificio».

