El comercio sanjuanino vivió una jornada digna de museo: la tecnología moderna dijo “hasta acá llegué” y dejó a medio mundo mirando el celular como si fuera una piedra inútil. La caída de Mercado Pago no solo generó caos, sino que dejó en evidencia una verdad incómoda, sin billetera virtual, muchos negocios quedan más desnudos que heladera de estudiante. Pagos que no se acreditaban, transferencias que flotaban en el limbo digital y clientes atrapados en una escena tragicómica: “te pagué… pero no te llegó”, nadie se llevaba nada, salvo bronca. Desde el sector comercial fueron claros: se perdieron ventas. Y no pocas. Porque cuando la app no abre, el consumo tampoco.
La dependencia es tal que, según comerciantes, 3 de cada 10 operaciones pasan por esta billetera. O sea, cuando se cae, no es una falla: es un apagón económico con aroma a caja registradora vacía. Y ahí apareció el plan B: efectivo, tarjeta o directamente resignación, en muchos casos, el cliente no pudo pagar y el comerciante no pudo vender. Mal negocio con cero para ambos lados.

