Romero, hombre de familia —casado y padre de tres hijos—, también supo moverse con soltura en los pasillos del poder. Durante una etapa de fuerte gravitación política en la provincia, ocupó un lugar estratégico dentro del Ministerio de Gobierno, donde en los hechos actuaba como una suerte de viceministro, aunque sin la formalidad del cargo.
Su llegada al Poder Judicial en 2015 no sorprendió a quienes seguían de cerca los engranajes del poder: fue designado juez de la Cámara de Apelaciones de Paz con respaldo político y aprobación legislativa, en un trámite que avanzó sin mayores sobresaltos.
Ya en funciones, construyó un perfil técnico dentro de uno de los fueros más sensibles del sistema judicial provincial, aunque con una impronta marcada por su paso previo por la gestión política. Un equilibrio siempre delicado, donde lo jurídico y lo político suelen convivir en tensión permanente.

