En la televisión argentina hay géneros: noticias, entretenimiento… y después está Telenueve Denuncia, que decidió innovar con un formato revolucionario: la acusación en cuotas, sin comprobante y con delivery a domicilio. Canal 9 es propiedad del presidente del comité capital del partido justicialista y sec. gral. de los porteros de edificios Víctor Santamaría. Este sindicalista también es propietario de Página12, Radio Continental, IP Televisión, y Radio 17 de Octubre. Lo une una amistad de muchos años con el Senador por San Juan Sergio Uñac.
El método es simple: se tira una bomba, se la adorna con números que asustan, se le pone música de suspenso y listo. Si aparecen pruebas, bárbaro. Y si no aparecen, también: total el prime time ya rindió. En ese escenario, el gobernador Orrego hizo algo exótico para estos tiempos, exige pruebas. Sí, ese objeto mitológico que en algunos estudios de TV se considera de colección, junto a la máquina de escribir y la autocrítica.
El ultimátum fue de manual, “En 24 horas, pruebas o retractación”, es decir “pasemos del acting al expediente”. Porque una cosa es investigar y otra muy distinta es practicar el periodismo estilo libre, donde la data es opcional y la convicción es obligatoria. Y en el centro de la escena aparece Tomás Méndez, protagonista de este show de alto voltaje, donde la denuncia entra como protagonista… pero la verificación queda varada en maquillaje. El programa juega a la ruleta rusa informativa: dispara acusaciones con la esperanza de que alguna dé en el blanco. El problema es cuando el blanco responde… con abogados.
Mientras tanto, la audiencia asiste a un espectáculo fascinante, un híbrido entre investigación periodística y ficción creativa, donde los datos son invitados y el guion es protagonista. Denunciar sin pruebas es como hacer asado sin carne, puede haber humo, mucho humo, pero alguien en algún momento va a preguntar dónde están las costillas. Y ahí es cuando el estudio de TV se convierte en antesala judicial, Orrego, por lo pronto, ya eligió rol, no va a ser panelista, va a ser demandante. En esta nueva temporada de la política argentina, el rating ya no se mide solo en puntos;
también se mide en fojas.

