En la siempre tranquila y zen Terminal de Ómnibus de San Juan —ese spa urbano donde reinan la paz y los buenos modales— dos “trapitos” decidieron resolver viejas diferencias… al estilo medieval; palo en mano. El episodio, digno de una remake low cost de “Gladiador pero sin presupuesto”, ocurrió el 31 de marzo cuando uno de los protagonistas, claramente inspirado en el arte de la traición, atacó por la espalda a su colega con un palo de escoba. Sí, ni espada ni katana: escoba. Porque en San Juan se pelea con lo que «Haiga» diria el culto candidato a presidente Kicillof.
El resultado: labio partido, dignidad en terapia intensiva y diez días de incapacidad para la víctima. Nada grave, salvo el orgullo, que no tiene OSP ni OSDE. Pero la historia no termina ahí. Como en toda buena película, llegó la policía, que estaba justo en la zona, y detuvo al agresor en el acto, fin del round. Luego vino el juicio abreviado, condena exprés y premio mayor para el atacante —cinco meses de prisión efectiva— con traslado VIP al siempre acogedor Penal de Chimbas. Todo incluido: rejas, rutina estricta y compañeros con hobbies similares.
Encima, como ya tenía antecedentes, el combo vino con reincidencia incluida. Es decir, cliente frecuente. Tarjeta gold del delito, y la demostración de que e
n San Juan podés discutir por territorio, por clientes o por filosofía trapitera… pero si sacás el palo, te ganás un viaje sin retorno (al menos por cinco meses) al resort menos recomendado de TripAdvisor.

