EL ESCUDO MÍSTICO: LA NUEVA JOYA DE ADORNI
Por nuestra enviada especial al reino del absurdo
Cuando Manuel Adorni agotó todos los recursos disponibles para mantenerse en el poder —la conferencia de prensa con cara de inocente, la factura trucha, las jubiladas prestamistas que no lo conocen ni de foto— alguien en Casa Rosada tomó una decisión histórica: había que recurrir a las fuerzas ocultas.
Karina Milei, la mujer que maneja el gobierno con la misma discreción con que un Granadero toca Dancing Queen, le habría obsequiado a Adorni un escudo místico. Un amuleto. Una piedra, un cristal, un talismán, vaya uno a saber. Algo que la justicia terrenal no puede penetrar.
La lógica es impecable. Si ya tenés: Una casa en un country que apareció de la nada, Dos departamentos con precio de oferta misteriosa, Un Jeep, Vuelo privado a Punta del Este con factura de fantasía, Cien mil dólares prestados por una señora que jura no conocerte, lo único que falta es protección sobrenatural.
El amuleto llega en un momento delicado: Adorni fue borrado del cumpleaños de Karina —donde los Granaderos tocaron ABBA con toda la seriedad que la patria merece— señal inequívoca de que el blindaje político ya no alcanza. Bullrich llegó al festejo con un bolso de 400 mil pesos y aprovechó para pedir su cabeza. No la del bolso. La de Adorni.
Mientras tanto, en el gobierno se habla bajito de reemplazos posibles: Pettovello, Santilli, Sturzenegger, Caputo… una lista que crece más rápido que el prontuario del jefe de Gabinete. El escudo místico, dicen fuentes cercanas a la mística libertaria, tiene propiedades especiales: repele periodistas, neutraliza jueces y hace desaparecer transferencias bancarias incómodas. Contra jubiladas que dicen no conocerte, sin embargo, no hay amuleto que alcance.
Adorni lo llevaría puesto en la próxima exposición ante Diputados, donde deberá explicar —acompañado por el propio Milei, que irá a bancarlo— cómo un jefe de Gabinete acumula más propiedades que un escribano porteño con cuarenta años de carrera. El pueblo espera. La justicia, también. Y las jubiladas prestamistas, que se enteraron de que le dieron plata al hombre por los diarios, todavía están procesando la novedad.

