En el maravilloso universo del peronismo cuántico —donde todo es y no es al mismo tiempo— apareció Oscar Parrilli con una certeza digna de tarotista como Karina Milei.
“Si Cristina Fernández de Kirchner no es candidata, perdemos”.
Hasta ahí, todo normal… dentro del manicomio. El problema es que Cristina no puede ser candidata porque está condenada e inhabilitada de por vida, pero eso no impide que el kirchnerismo la quiera candidata igual, una especie de “juguemos igual, total después vemos”, como esos equipos de fútbol amateur que arrancan con 12 jugadores y después discuten cual de los gordos va al banco.
Mientras tanto, en una jugada que mezcla ajedrez, truco y desesperación electoral, empieza a circular la fórmula Cristina–Sergio Uñac, sí leíste bien; candidata que no puede ser candidata con vice que podría quedar siendo presidente de rebote. Un plan tan sólido como un flan del Sanatorio Argentino. La idea, según el mundillo PJ, sería más o menos así, Cristina se anota (aunque no pueda), la Justicia la baja (aunque ya está bajada de por vida), se grita “Proscripción”, y queda Sergio Uñac, que pasaba por ahí como candidato titular. Un casting político donde el protagonista no actúa, pero igual se lleva todos los aplausos y el suplente termina dando la función.
Por su parte, nuestro Sergio Uñac propuso internas en el PJ, una idea revolucionaria que le comunicó a Cristina que presa y todo, maneja el PJ. Es decir, básicamente se mandó una carta a sí mismo, un nivel de diálogo interno que Freud estaría tomando apuntes. Mientras tanto, desde el partido le dijeron “vení que lo charlamos” con 10 cáscaras de banana escondidas, porque en paralelo, la misma Cristina Kirchner analiza escenarios con la precisión de un vidente (que veia el futuro de todos, menos su propio futuro cuando cayó la cana a detenerlo por estafador). Las opciones de “Kicillof se puede derretir”, “Sin Cristina no hay nada”, “Con Cristina tampoco hay nada, pero queda más épico”, así que el peronismo está jugando simultáneas en cinco tableros… y perdiendo en cuatro y medio.
El operativo clamor es tan potente que ya no necesita lógica, ni leyes, ni calendario electoral, es puro sentimiento; Cristina candidata sin poder ser candidata, Uñac candidato sin saber si es candidato, Parrilli embaucando a todos, y el resto mirando embolados como si fuera el partido de Argentina y Mauritania. El peronismo arma fórmulas como quien arma muebles sin manual; sobran tornillos, faltan patas y siempre alguien dice “esto después se acomoda solo».

