SAN PABLO.- El expresidente brasileño Jair Bolsonaro pasó este viernes a prisión domiciliaria en su casa en Brasilia, gracias a una decisión judicial que lo eximió de volver a la cárcel, tras dos semanas internado por una bronconeumonía.
Bolsonaro, condenado por golpismo, “acaba de recibir el alta” y su estado de salud “está más o menos equilibrado”, dijo en la puerta del hospital privado DF Star su médico Brasil Caiado.
Imágenes de televisión mostraron la llegada del exmandatario a su casa, en las que lo pudo ver cubierto con un chaleco antibalas y caminando por sus propios medios, acompañado de un grupo de personas. Más tarde, apareció sentado en el exterior jugando con dos perros.
El líder ultraderechista, de 71 años, fue trasladado el 13 de marzo desde la prisión de Papuda en Brasilia, con una bronconeumonía. Después de más de una semana en terapia intensiva, el lunes pasó a una habitación común.
De acuerdo con lo dispuesto por el juez Alexandre de Moraes, del Supremo Tribunal Federal, Bolsonaro deberá cumplir arresto domiciliario por un período inicial de 90 días. La medida, de carácter temporal, responde a su estado de salud y se enmarca dentro de las condiciones excepcionales autorizadas por la Justicia.
Bolsonaro sigue siendo popular en Brasil y uno de sus hijos, el senador Flavio Bolsonaro, está en una posición competitiva frente a Lula en las encuestas de cara a las elecciones presidenciales de octubre. El expresidente es inelegible y no se le permitirá asumir un papel público en ninguna campaña.
En su domicilio, en un acomodado condominio del sur de Brasilia, Bolsonaro deberá usar una tobillera electrónica y tendrá prohibido utilizar teléfono celular, redes sociales o grabar cualquier video o audio. Podrá recibir visitas de familiares directos, abogados y médicos.
El expresidente ya estuvo en prisión domiciliaria, pero en noviembre fue encarcelado tras haber dañado su tobillera con un soldador, lo que la Corte Suprema interpretó como intento de fuga.
El fallo establece que Bolsonaro permanecerá en su residencia bajo supervisión, con restricciones de movilidad y sujeto a controles periódicos, mientras continúa el seguimiento médico de su recuperación. No se descarta que, una vez cumplido el plazo o en función de su evolución clínica, la Justicia revise las condiciones de detención.
La situación de salud del expresidente arrastra antecedentes. En septiembre de 2018, durante la campaña electoral, Bolsonaro fue apuñalado en el abdomen en un acto en Minas Gerais, un ataque que lo obligó a someterse a múltiples cirugías y del que nunca se recuperó por completo.
Desde entonces, ha sufrido reiteradas complicaciones médicas, con internaciones frecuentes por problemas digestivos y cuadros asociados.
Durante meses, los abogados del expresidente habían argumentado que su estado de salud hacía inviable el cumplimiento de la pena en prisión. Fue la gravedad de esta última internación la que finalmente inclinó la balanza.
El episodio actual vuelve a poner en foco esa fragilidad, en un contexto en el que su situación judicial sigue generando fuerte repercusión política en Brasil. Mientras sus aliados denuncian una persecución, sectores oficialistas sostienen que las decisiones del Supremo Tribunal Federal responden a la gravedad institucional de los hechos investigados.
Bolsonaro, que gobernó Brasil entre 2019 y 2022, enfrenta múltiples causas judiciales derivadas de su accionar tras las elecciones presidenciales que dieron como ganador a Lula da Silva, en un proceso que derivó en episodios de violencia política y tensiones institucionales sin precedentes recientes en el país.
“Gracias, Señor, porque hoy estamos yendo para casa mi marido y yo”, escribió en Instagram su esposa, Michelle Bolsonaro. Poco después, dijo a periodistas que los perros “se pusieron muy felices” al ver al expresidente. “Increíble, nos alegramos de las pequeñas victorias”.
“Ver a mi padre en casa, cuidando mejor de su salud, es un alivio en medio de este mar de injusticias que ha sufrido durante años”, escribió por su parte en X su hijo Flavio. Lo celebró como un avance para que se haga “justicia para él y cientos de otros presos políticos”.
El exjefe de Estado designó a su hijo de 44 años como candidato de la derecha para enfrentar al izquierdista Lula, de 80 años, que buscará un cuarto mandato. Las últimas encuestas muestran un empate técnico e incluso una leve ventaja para el conservador.
Marcelo Crespo, profesor de Derecho de la universidad ESPM en San Pablo, dijo que es inusual que fallos de prisión domiciliaria como el de Bolsonaro incluyan una revisión después de 90 días, pero afirmó que Moraes buscaba “un punto intermedio al no conceder prisión domiciliaria por un período indeterminado”. En noviembre pasado, Moraes consideró que el expresidente tenía riesgo de fuga.
El paso de Bolsonaro a arresto domiciliario se produce cuando Moraes y su esposa están enredados en un escándalo relacionado con el colapso multimillonario de Banco Master, que fue cerrado a finales de 2025 por el Banco Central en medio de acusaciones de fraude que involucran a empresarios y políticos de todo el espectro ideológico.
El analista político Thomas Traumann, que ha escrito libros sobre las divisiones políticas de Brasil, atribuyó la decisión de Moraes de conceder a Bolsonaro prisión domiciliaria a la presión política por sus vínculos con el escándalo de Banco Master.
“Si dependiera sólo de él, no dejaría que Bolsonaro se fuera a casa”, dijo Traumann.
Agencias AP y AFP, y diario O Globo/GDA

