En la provincia donde conseguir alquiler es más difícil que encontrar sinceridad en campaña electoral, apareció un hallazgo digno de Indiana Jones, casas vacías… sí, vacías… como promesas de obra pública en año no electoral.
Mientras miles de sanjuaninos hacen malabares para pagar alquileres que te arrancan hasta el alma (y el aguinaldo del 2029), resulta que hay viviendas del IPV que están más deshabitadas que un comité partidario un lunes a la mañana.
El asunto es simple, gente sin casa por un lado… casas sin gente por el otro… y en el medio, el Estado mirando como árbitro distraído que perdió el silbato. Pero atención, que ahora “el control empieza a moverse”. Es decir alguien en el IPV “che… ¿y si controlamos?”. Y ahí arrancó la épica administrativa, esa que camina lento pero seguro.
El IPV detectó irregularidades en viviendas adjudicadas , léase casas vacías, alquiladas o usadas como inversión— y decidió ponerse firme. O al menos hacer como que se pone firme, que ya es un avance importante en términos criollos.
Porque claro, la norma dice que la casa es para vivir, no para hacer Airbnb versión criolla ni para guardarla “por si algún día pinta mudarse”.
Mientras tanto, el sanjuanino promedio sigue en modo supervivencia: paga alquiler, reza para que no aumente y mira estas noticias con la misma cara con la que uno ve a otro comiendo asado cuando vos estás a arroz.
La paradoja es gloriosa; hay gente que necesita casa, hay casas que necesitan gente, y hay un sistema que recién ahora se dio cuenta. Es decir quer no faltan viviendas… faltaba mirar dónde estaban, y como siempre, cuando el Estado llega a controlar hay posibilidades de corregir.

