A medio siglo del golpe del 24 de marzo de 1976, San Juan volvió a poner el cuerpo en la calle. No fue una marcha más: fue una postal viva de memoria activa, con miles de sanjuaninos ocupando el microcentro y dejando en claro que el pasado no se archiva… se discute.
Desde la Plaza 25 de Mayo hasta la Legislatura, la columna avanzó como una marea ordenada pero cargada de historia. Banderas, pañuelos blancos y rostros de desaparecidos volvieron a decir lo mismo de siempre, pero con otra energía: “¿Dónde están?”. Porque 50 años después, la pregunta sigue incómodamente vigente.
Lo novedoso —y también lo inquietante para algunos— fue el protagonismo de los más jóvenes. Hijos y nietos de la memoria tomaron la posta sin pedir permiso, liderando la marcha y confirmando que el reclamo no envejece: se hereda.
En el medio, la liturgia conocida: agrupaciones políticas, sindicatos, dirigentes de todos los colores y la clásica fauna partidaria que nunca pierde la oportunidad de colarse en la foto. Desde el peronismo hasta la izquierda, pasando por radicales sueltos, todos dijeron presente. Nadie quiso quedarse afuera del recuerdo… ni del escenario.
Pero no todo fue memoria pura. También hubo presente, y del picante. Los cánticos contra el presidente Javier Milei irrumpieron con fuerza y se expandieron como eco en la columna. La marcha, como viene pasando en los últimos años, dejó de ser solo conmemoración para convertirse también en termómetro político.
Entre los testimonios, el dolor intacto de quienes sobrevivieron al horror convivió con una certeza: la llama sigue viva. Y no por nostalgia, sino porque hay nuevas generaciones dispuestas a sostenerla.
San Juan marchó. Recordó. Reclamó. Y, de paso, volvió a demostrar que la memoria en Argentina no es un acto del pasado… es un campo de batalla del presente.

