En una votación que tuvo más tensión que final de novela turca, los docentes decidieron aceptar la oferta del gobierno por 30 votos contra 14. Sí, 30 a 14: una diferencia que no es goleada, pero alcanza para que el oficialismo se saque la foto sonriendo… y para que los 14 restantes sigan masticando bronca como chicle sin sabor.
La escena fue digna de reality: de un lado, los optimistas del “algo es algo”, levantando la mano con resignación elegante; del otro, los indignados del “esto no alcanza ni para tizas”, cruzados de brazos como estatua de plaza. En el medio, el gobierno mirando el tablero como si hubiera ganado el Mundial… aunque sea un amistoso contra sí mismo.
El resultado deja una conclusión clarísima: nadie está completamente feliz, pero alguien perdió menos. Y en tiempos de inflación galopante, perder menos ya cotiza en bolsa.
Así, con 30 voluntades que dijeron “bueno, dale” y 14 que respondieron “ni loco”, se aprobó una oferta que no enamora, pero al menos evita que el conflicto escale a capítulo dos: “paro con repetición y sin palomitas”.
En resumen: ganó el pragmatismo, perdió el entusiasmo, y la educación… sigue esperando mejores ofertas, como quien mira vidrieras con la billetera flaca.

