El pequeño detalle —que algunos clientes consideran una minucia jurídica— es que muchos jamás pidieron esos seguros. Ni firmaron nada. Ni recibieron póliza. Ni certificado. Ni un folleto. Ni siquiera una servilleta que diga “usted está asegurado”, pero el débito llega igual, puntual, religioso, más puntual que el colectivo que nunca pasa. En distintos medios, y frente a este curioso fenómeno bancario, la asociación Usuarios y Consumidores Unidos decidió que tal vez no se trata de un milagro financiero sino de algo un poco más terrenal; una práctica abusiva.
Entonces apareció la demanda contra el Banco San Juan para terminar los descuentos, que devuelvan la plata que se cobro el banco y que responda por los daños. Se habla de una denuncia en el BCRA, y una multa de unos $2.300 millones de pesos. Nada personal, solo negocios. La cifra sale de aplicar el máximo de sanción que permite la Ley de Defensa del Consumidor: 2.100 Canastas Básicas Totales del INDEC. Una cantidad de dinero que hace que hasta la calculadora pida licencia médica. El banco, por su parte, informó que tiene 86.412 clientes con seguros vinculados a las compañías Sancor y Qualia, algunos los contrataron voluntariamente, otros, según los reclamos, se enteraron cuando miraron el extracto y casi se les atraganta la sopa de cabellito de ángel del almuerzo.
Porque pagar un seguro que uno contrató es normal, pagar un seguro que uno nunca vio es casi una experiencia mística. Según la asociación, hay casos de personas que tienen hasta cinco seguros al mismo tiempo, una cobertura tan completa que uno no sabe si incluye: incendio, robo, granizo, meteoritos, o suerte bancaria. Dicen los demandantes, es que sin póliza ni certificado nadie sabe qué se está pagando, es decir: el cliente paga, pero no tiene la menor idea de el Banco San Juan lo metió en un seguros que no contrató ni firmó.
Además la cobertura es tan secreta que ni el asegurado la conoce, los descuentos empezaron hace años en unos 500 pesos y hoy rondan 3.500 o 4.000 por mes, parece poco, hasta que uno multiplica, y multiplica, y multiplica los giles a los cuales el Banco San Juan les está descontando el pago por un seguro que NO contrató, y de pronto aparecen millones… y millones… y millones. La causa empezó en el juzgado de Amanda Díaz, pero el banco la recusó y el expediente terminó en manos de Adriana Tettamanti. Ahora será la Justicia la que decida si esto fue un «Error de un empleado que ya fue despedido», o una creatividad financiera (Avivada) digna de entrar en el Guinness de las cosas que nadie pidió pero igual se cobran. Si el fallo termina siendo favorable a los clientes, lo que hoy es un seguro podría convertirse para el Banco San Juan en el papelón mas grande, y en el siniestro más caro de su historia. Y esta vez no habrá póliza que los cubra.

