En política hay señales que no fallan. Una de ellas aparece cuando comienzan a multiplicarse las reuniones, los llamados telefónicos y los “tenemos que hablar”. En ese momento, cualquier observador con un mínimo de experiencia entiende que algo se está acomodando en el tablero interno. Y eso es precisamente lo que empieza a verse dentro del peronismo sanjuanino. De pronto, dirigentes que venían transitando sus días con la tranquilidad de tomarse un fernet largo, empezaron a activar contactos. Intendentes, diputados y autoridades partidarias entraron en una dinámica de conversaciones que revela una necesidad bastante clara. Nadie quiere que la tropa se desbande para otro lado, en especial a Santa Lucía.
El contexto también ayuda a explicar la inquietud. Desde la llegada de Javier Milei a la Casa Rosada, la política nacional se mueve a un ritmo que obliga a los partidos tradicionales a mantenerse atentos. Y el peronismo sanjuanino no quiere enterarse de las cosas por televisión mientras en Buenos Aires se discuten reformas que impactan directamente en la provincia, como el RIGI y el debate sobre el uso de la línea de 500kw. Por eso, los intendentes —que hoy representan el poder territorial más firme del justicialismo local, buscan mantener línea directa con quienes están en el Congreso. En ese esquema aparecen nombres conocidos del mapa político provincial, el senador Sergio Uñac, la senadora Celeste Giménez y el diputado Cristian Andino, encargados de contar qué se está cocinando en el Parlamento mientras el país atraviesa una de esas etapas donde cada semana parece un capítulo nuevo de serie política.
Pero el movimiento interno no termina ahí. También empieza a sentirse dentro del bloque justicialista de la Legislatura provincial, un espacio donde la palabra “alineamiento” suele tener un significado BASTANTE FLEXIBLE. Allí conviven dirigentes con perfiles muy distintos. Algunos responden a sus propios territorios, otros a estructuras sindicales, y otros directamente a su propia intuición política. En ese universo aparecen nombres como Jorge Castañeda, Omar Ortiz, Eduardo Cabello o Gabriel Díaz, cada uno con su estilo y su forma particular de interpretar la partitura del peronismo. Por eso el presidente del PJ provincial, Juan Carlos Quiroga Moyano, intenta fortalecer los canales de diálogo interno. Traducido al lenguaje político criollo; que todos hablen antes de que alguno decida patear el tablero.
El desafío no es menor. El peronismo atraviesa una etapa de reorganización después de haber dejado el gobierno provincial, hoy en manos de Marcelo Orrego, lo que obliga al partido a redefinir roles, estrategias y liderazgos. Y como siempre ocurre en San Juan, en algún momento la conversación inevitablemente gira hacia los dos grandes nombres del peronismo local: Sergio Uñac y el exgobernador José Luis Gioja. Entre ambos hay una larga historia política que incluye acuerdos, desacuerdos, puteadas como «Traico», «Es un Hijo de Puta», y algún que otro capítulo digno de serie dramática. Pero también existe una verdad que la política confirma una y otra vez: cuando se acercan las elecciones, hasta los viejos rivales aprenden a marcar el mismo número en el teléfono.
Por ahora, el justicialismo sanjuanino parece transitar una etapa de reordenamiento silencioso, donde todos hablan, todos escuchan y todos calculan si se quedan, o aceptan ciertas ofertas para saltar la ligustrina. En peronismo de San Juan, cuando los dirigentes empiezan a multiplicar los comentarios, una cosa suele ser segura, y es que los «Traico» y los «Es un Hijo de Puta» pueden pasar al olvido rápidamente.

