En una noticia que hizo descorchar sonrisas en bodegas, fincas y oficinas del Ministerio de Producción, las exportaciones vitivinícolas de San Juan crecieron cerca de un 20% durante 2025. Sí, mientras algunos argentinos cuentan monedas para comprar soda, la provincia logró venderle al mundo vino, mosto y pasas como si fueran figuritas difíciles.
El dato surge de los números del sector: entre enero y noviembre de 2025 el complejo vitivinícola sanjuanino superó los 130 millones de dólares en ventas externas, consolidándose como uno de los motores exportadores de la provincia.
Pero el verdadero rockstar del negocio no fue el vino elegante que uno imagina en una copa fina, sino la humilde pasa de uva, que tuvo un crecimiento interanual del 53% en valor y del 40% en volumen. O sea: la uva arrugada terminó siendo la estrella del show internacional.
Mientras tanto, los vinos fraccionados también levantaron la copa con una suba del 3% en valor y 5% en volumen exportado. El mosto, ese líquido misterioso que muchos no saben si es jugo, vino o promesa electoral, también creció en volumen, aunque el precio internacional se comportó como un político en campaña: sube un día y baja al otro.
El único que quedó mirando la fiesta desde la vereda fue el vino a granel, que aumentó apenas en volumen pero cayó un 25% en valor. Traducido al idioma bodeguero: se vendió más, pero cobrándolo como si fuera gaseosa de oferta.
Desde el sector atribuyen el repunte a misiones comerciales, ferias internacionales y promoción en mercados externos. Es decir, básicamente salir al mundo a decir:
—“Señores, prueben esto… no será petróleo, pero pega lindo”.
San Juan confirma que su vitivinicultura sigue peleando mercados internacionales con una estrategia simple pero efectiva: si la uva no se toma, se seca; y si se seca… se exporta igual. En esta provincia, la consigna parece clara, si algo sale de la vid, algún dólar va a traer.

