El hecho ocurrió el 21 de febrero, en el partido disputado en Alto de Sierra frente a López Peláez. Según el boletín oficial, Naveda lanzó un golpe que dejó inconsciente a Erick Esterman, rival al que aparentemente confundió con una bolsa de entrenamiento.
Pero la cosa no termina ahí: además de la suspensión deportiva, el caso fue elevado a la Secretaría de Seguridad para evaluar si el jugador pasa a integrar el famoso programa “Tribuna Segura”, que básicamente funciona como una especie de “derecho de admisión con esteroides”.
Si eso ocurre, Naveda podría pasar una buena temporada viendo fútbol… pero desde afuera del estadio y probablemente desde el living de su casa.
La medida no es menor. Según la Liga, sería una decisión inédita, impulsada por la Policía de San Juan, que pretende que los escándalos en la cancha no se resuelvan solo con sanciones deportivas sino también con consecuencias más serias.
Del partido al hospital
El encuentro, que terminó 3 a 0 a favor de López Peláez, ya había bajado el telón cuando la cosa se calentó más de la cuenta. Lo que empezó como un cruce típico de final de partido terminó en pelea generalizada.
En medio del desorden, Esterman recibió un golpe que lo dejó tendido e inconsciente en el césped.
El jugador fue trasladado de urgencia al hospital, donde se confirmó una fractura maxilar producto del impacto.
Naveda fue señalado como el autor del golpe y terminó detenido en el lugar, mientras algunos compañeros intentaban convencer a la policía —sin demasiado éxito— de que tal vez todo había sido “un malentendido deportivo”.
La causa judicial
El 24 de febrero, el futbolista se presentó ante el juez de garantías Eugenio Barbera, quien dispuso cuatro meses de investigación penal preparatoria por lesiones. Naveda recuperó la libertad, aunque con normas de conducta que deberá cumplir.
Es decir: fuera de la cancha por largo rato y con la Justicia mirando de cerca.
Por último, la Liga decidió levantar la suspensión preventiva de Esterman, el jugador que terminó hospitalizado, quien había sido sancionado inicialmente tras los incidentes.
Un partido que empezó como fútbol terminó como episodio policial, y dejó una enseñanza básica que la Liga parece haber querido recordar con énfasis:
la pelota se patea… no se boxea.

