A los 76 años, Pichetto ya tiene más experiencia que el manual de instrucciones de un mueble sueco: 50 años como abogado y 44 años como funcionario público. ¿Quién necesita Netflix cuando tienes esa cantidad de años en el poder?
Su carrera es un culebrón político: fue presidente del bloque kirchnerista, casi logró convencer a Julio Cobos para un desempate… pero no. Luego se subió al barco de Macri, que terminó más hundido que mis ganas de hacer ejercicio un lunes por la mañana.
Después intentó hacer pie en PRO, pero entre Patricia Bullrich y Larreta se armó un «tango» político que ni el mejor bailarín podría seguir. Así que Pichetto decidió crear la «3ra vía», que suena a plan B, C y hasta Z.
Con grandes sueños, quiso ser el interlocutor de Javier Milei, pero terminó más solo que perro en día de feria. No consiguió la presidencia de Diputados (se la llevó Martín Menem, que suena a mezcla entre un político y un meme).
En 2026, Pichetto intenta regresar al peronismo, como quien vuelve a la casa de la ex esperando que ahora sí lo reciban con milanesas y abrazo. Visitó a CFK, que está más complicada que resolver un cubo Rubik con los ojos vendados, y ella le dio permiso para recorrer el Frente de Todos… aunque con cara de “a ver cuánto duran estas vueltas”.
¿Dr. Jekyll o Mr. Hyde? Nadie sabe, porque Pichetto fue aliado de Macri contra CFK, luego quiso negociar con Milei, y ahora quiere ser del «movimiento popular». Es como si cambiaras de camiseta más rápido que de canal cuando hay comerciales.
El «Topo» Rodríguez le recordó que fue uno de los garantes de las leyes de Milei, así que el hombre está más mezclado que ensalada rusa en política.

