El litro de nafta súper en la Ciudad de Buenos Aires cuesta hoy $1717, mientras que el gasoil se ubica en $1768. Los precios en los surtidores de YPF —que concentra el 55% del despacho de combustibles en el país— acumularon una suba de 9,6% desde el comienzo de año; solo en marzo subió 6,7%
Pero la pregunta que empieza a circular entre consumidores y analistas es cuánto más pueden subir. Y la respuesta depende, en gran medida, de lo que ocurra a miles de kilómetros de distancia.
En la última semana, el precio internacional del petróleo trepó cerca de 23,5% tras los ataques de Estados Unidos e Israel contra Irán y la posterior respuesta del régimen iraní contra posiciones estratégicas de energía en Medio Oriente. El barril de Brent —la cotización de referencia para el mercado local— llegó a tocar los US$118,50, aunque ahora bajó a US$101, pero acumula un alza de 67% en lo que va del año. Las proyecciones de comienzos de 2026 lo ubicaban en torno a los US$60.
El factor clave es el estrecho de Ormuz: por ese paso estratégico circula el 20% del comercio mundial de petróleo. La semana pasda, el tránsito cayó 70% y el régimen iraní amenazó con que “ni una gota de petróleo” saldrá del Golfo.
“Estamos ante lo que es, con diferencia, la mayor perturbación en la historia mundial en términos de producción diaria de petróleo”, declaró el historiador energético Daniel Yergin, al medio Wall Street Journal. “Si se prolonga durante semanas, repercutirá en toda la economía mundial”, agregó.
Horacio Marín, presidente y CEO de YPF, fue cauto sobre cómo va a impactar el alza en el surtidor. “Esto es muy impredecible. Si los precios del petróleo se mantienen altos durante meses, sí va a terminar impactando en el surtidor, pero va a ser muy lentamente”, dijo la semana pasada.
El mecanismo de transmisión no es inmediato. Los mayores costos internacionales presionan principalmente a las refinadoras, que compran crudo a precio internacional y venden combustibles en el mercado interno. Si el barril se sostiene en niveles elevados por un período prolongado, esa presión eventualmente se traslada al precio en los surtidores.
El exsecretario de Energía Daniel Montamat fue más específico: “Hoy se hacen cálculos con un barril a US$90. Todo depende de cuánto tiempo se sostenga la suba, que responde a un factor geopolítico. Si el conflicto pierde intensidad o se resuelve rápidamente, así como el petróleo subió por la tensión política, también podría bajar”.
En síntesis: si el conflicto se prolonga, una nueva suba en el surtidor es probable. Si se resuelve pronto, los precios actuales podrían mantenerse estables, ya que los fundamentos del mercado —oferta, demanda e inventarios— muestran un mercado sobreabastecido. La incertidumbre, por ahora, es la única certeza.

