En la siempre creativa ingeniería educativa argentina, apareció otra innovación: la pedagogía del paro. Esta vez la autora intelectual es la Unión de Educadores de la Provincia de Córdoba, que decidió sumarse al paro internacional por el Día Internacional de la Mujer y convocar a una movilización por las calles cordobesas, es decir no hay clases. La noticia recorrió las escuelas más rápido que un rumor de recreo, los alumnos celebraron como si la FIFA hubiera decretado feriado escolar cada vez que Argentina gana un partido.
—“¡Profe, qué importante es la lucha social!”, —dijo un alumno con la emoción de quien acaba de descubrir que el examen de matemática se evapora como sueldo en inflación. Mientras tanto, los docentes explicaron que la medida busca visibilizar reclamos de igualdad, derechos laborales y mejores salarios. Y ahí aparece el verdadero drama nacional: el salario docente, ese fenómeno paranormal que desaparece antes del día 15 del mes. En el medio quedan los padres, que ya desarrollaron un sexto sentido para estas situaciones, cuando escuchan la palabra “paro” activan automáticamente el protocolo familiar, llamar a los abuelos, reorganizar el trabajo, resignarse, mirar al techo y murmurar «Otra vez sopa…”
Pero la cosa no termina ahí, el sindicato también discute salarios con el gobierno provincial, en una negociación que avanza con la elegancia de un bombo de los camioneros en una biblioteca: mucho ruido, pocos resultados y varios estantes caídos. Mientras tanto, en alguna escuela cordobesa, un pizarrón vacío quedó como símbolo de la jornada, sobre él, alguien escribió con tiza una frase que resume el espíritu educativo del momento; “Lección del día: hoy aprenderemos sobre derechos laborales… practicándolos.”
Los alumnos, felices, los padres, resignados, y el sistema educativo argentino (Gobierno y sindicatos), una vez más, demostrando que puede enseñar muchas cosas, especialmente cómo suspender clases con una creatividad pedagógica verdaderamente admirable.

