Este jueves San Juan no amanecerá: quedará en pausa, como esas películas cuando alguien aprieta el control remoto y se va a hacer un sandwich. La provincia directamente entrará en coma inducido sindical. No habrá clases, no habrá colectivos, no habrá bancos, no habrá trámites. Lo único que circulará con normalidad será el aire caliente, los chismes y la bronca. Será un paisaje digno de documental postapocalíptico: escuelas cerradas como en enero, bancos con persianas bajas como párpados cansados, colectivos desaparecidos como promesas electorales. San Juan parecerá un enorme shopping abandonado un lunes a la mañana: luces prendidas, puertas abiertas, pero sin nadie adentro. La adhesión sindical fue tan masiva que el paro no es un paro, es un apagón laboral con olor a pólvora política. Docentes, estatales, bancarios, colectiveros, judiciales, trabajadores de salud… todos tiraron el ancla al mismo tiempo. El resultado: una provincia inmóvil, tiesa, rígida, como un dinosaurio embalsamado, la reforma laboral, mientras tanto, cayó en el mundo gremial como una bomba en una cristalería porque no rompió un vaso… rompió el negocio entero. Y en las casas se repetirá el diálogo nacional de cada paro como — “¿Qué funciona hoy?”, — “Nada.” — “¿Y mañana?”, — “Depende de quién gane la pulseada.” Porque en Argentina los paros no frenan el país, lo congelan en formol hasta la proxima oportunidad. Y así, entre mates, siestas obligatorias y trámites que envejecen en los cajones, San Juan vivirá otra jornada donde la actividad económica se cae, pero no le cobran penal.
Si QUERIAS este jueves hacer trámites, ir a clases, cobrar en el banco o subirse a un colectivO, lamento informarTE que TU plan tiene la misma viabilidad que una dieta empezada un lunes: ninguna
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