La CGT volvió a hacer lo que mejor sabe hacer cuando se siente incómoda: anunciar un paro general. Es casi una tradición nacional, como el mate, el fútbol y la inflación mensual. Esta vez la excusa —perdón, el motivo— es la reforma laboral que impulsa el Gobierno, un proyecto que los gremios miran con el mismo entusiasmo con el que un gato mira la bañera llena.
El paro será de 24 horas, sin movilización. Es decir: una protesta versión “modo ahorro de energía”. Nada de bombos, nada de marchas kilométricas ni choripanes en cuotas. Simplemente quedarse quietos… lo cual, admitámoslo, es una metodología sindical que ya tiene bastante entrenamiento.
Pero, como siempre, el verdadero suspenso no está en el anuncio, sino en el capítulo más esperado de la novela gremial: qué hará la UTA.
Porque en Argentina un paro sin colectivos es un paro general. Pero un paro con colectivos… es apenas un feriado incómodo.
Ahí está el drama. Los gremios más duros empujan para que los colectiveros se sumen, mientras el resto del país mira el calendario, el saldo de la SUBE y el cielo, esperando una señal divina que confirme si ese día será jornada laboral… o una jornada oficial de “llegué tarde porque el país estaba parado”.
En los pasillos sindicales, el clima es de tensión, aunque una tensión muy argentina: todos discuten, todos amenazan, pero nadie quiere quedar como el responsable de que el país funcione.
Mientras tanto, el Gobierno observa la escena con una mezcla de resignación y déjà vu. Porque cada reforma laboral en Argentina sigue el mismo guion: se anuncia, los sindicatos se enojan, se convoca un paro, y la discusión termina girando alrededor de lo único que realmente importa para la vida cotidiana del ciudadano promedio: si habrá colectivos o no.
Al final, el paro general argentino siempre se resume en una pregunta existencial:
—¿Se frena el país… o a mi jefe le digo que no pude ir a trabajar?
Y así, entre comunicados, amenazas y cálculos políticos, el país vuelve a su deporte favorito: especular si el próximo paro será histórico… o apenas otro día más en la larga saga nacional del “paro con transporte”.

