Lo que empezó como una escena de solidaridad urbana terminó siendo una masterclass de viveza criolla en pleno centro sanjuanino.
Un hombre se acercó con la clásica estrategia del manual del oportunista: cara de necesidad, discurso triste y pedido de una “monedita”. La víctima, todavía creyendo en la humanidad, le dio $1000. Error número uno.
Porque en cuestión de segundos, el supuesto necesitado pasó de mendigo a velocista olímpico: manoteó el celular y salió disparado entre la gente como si estuviera compitiendo en los Juegos Panamericanos del Choreo Express.
El sprint del improvisado atleta terminó en la feria persa de Avenida Libertador, donde la Policía logró frenarlo antes de que se anotara otro récord. En el palpado, no solo apareció el teléfono robado: también llevaba ropa infantil que —detalle incómodo— resultó ser mercadería recién levantada de un local.
Así, en menos de cinco minutos, el hombre logró algo difícil: transformar un gesto solidario en un combo delictivo completo. Hoy ya no te piden una moneda, te están haciendo la auditoría previa para ver qué más te pueden llevar.

