El proyecto Vicuña consiguió un financiamiento de US$ 4.500 millones, una cifra tan obscena que hasta la calculadora dijo: “Pará, maestro, dame un recreo”. La minera canadiense logró que 17 bancos le presten guita. Diecisiete. Para dimensionar el milagro: es más fácil juntar a 17 parientes en Navidad sin que se peleen por política que lograr eso en el sistema financiero mundial. La plata no llega toda junta, claro. Esto es Argentina-friendly: viene en cuotas. Primero te tiran 2.250 millones como quien te presta para “arrancar tranquilo”. Después suben a 3.500… y recién cuando todo esté aprobado, firmado y bendecido por todos los santos del FMI, aparece el paquete completo. El plan es producir tanto cobre que, si lo fundieran en monedas, podrían hacer billetes de un peso que sí valgan algo. O al menos servirían para trabar la puerta cuando venga el viento Zonda. Mientras tanto, ya están comprando maquinaria gigante, de esas que uno ve y piensa: “Eso no es un camión…es un departamento de 3 ambientes con ruedas».
También preparan el famoso “Corredor Norte”, que suena a autopista futurista pero básicamente será la ruta por donde pasarán camiones que cuando doblen van a necesitar un GPS, un dron y un policia de tránsito. Habrá agua desalinizada, sistemas de transporte, perforaciones y estudios técnicos larguísimos… esos documentos que nadie entiende, pero que siempre terminan con una frase mágica: “Se prevé un impacto positivo”. En San Juan quieren que sea como el gran motor económico, es decir todos están esperando que esta vez la riqueza y la guita no pase como turista, saque fotos, y se vuelva a Mendoza sin dejar propina.
El proyecto Vicuña todavía no sacó ni una piedrita… pero ya logró lo más difícil del mundo, y es que los bancos larguen miles de millones sin pedirle recibo de sueldo, garantía propietaria ni un tío en Canadá. Y eso para un proyecto en Argentina, ya no se trata de minería, es ciencia ficción financiera.

