La causa ANDIS avanza y, como en toda buena novela criolla, ya apareció el personaje misterioso: el famoso “Helvético”, que no es un chocolate suizo ni un reloj caro, sino un abogado de droguerías que —según la Justicia— sabía más que Google sobre cómo se cocinaban las compras públicas.
El expediente investiga una maniobra digna de manual del vivo argentino: licitaciones truchas, empresas “competidoras” que eran más amigas que socios en un asado, y precios inflados hasta un obsceno 838%, algo así como comprar un ibuprofeno al precio de un departamento en Puerto Madero. Según la causa, el circuito funcionaba con un sistema paralelo, una especie de “Estado B”, donde se decidía quién cobraba antes de que la licitación siquiera naciera. El mecanismo dejaba al sistema oficial mirando desde la tribuna, como árbitro comprado en un partido arreglado.
Pero la cosa no terminaba en los números: el “Helvético” también habría tenido influencia en el movimiento de funcionarios, ayudando a correr a los que molestaban y promoviendo ingresos más “amigables” para el negocio. En criollo: ordenaba el tablero como quien acomoda fichas de dominó antes del golpe final. Y como toda trama argentina necesita condimento político, el expediente menciona vínculos con empresarios del rubro y hasta la posible sombra de un apellido pesado: un alias llamado “Rioja” que los investigadores miran con lupa por su eventual conexión con el mundo menemista.
Hoy la causa sigue creciendo, con indagatorias, sospechas de borrado de chats y empresarios tratando de hacer desaparecer pruebas más rápido que un político borrando tuits viejos. En síntesis: mientras miles de personas con discapacidad esperaban medicamentos oncológicos, algunos estaban ocupados jugando al Monopoly con fondos públicos, pero usando billetes reales.

