ImagÃnate la escena: estás en Mendoza, quizás lidiando con el precio de la uva o el viento Zonda, y de repente el internet —ese vertedero de sueños y filtros de perrito— decide que sos un aristócrata de incógnito en los Campos ElÃseos. El gobernador Alfredo Cornejo se despertó un dÃa siendo el protagonista de una pelÃcula de Woody Allen grabada por un usuario llamado «Orko polentero», y la verdad, si eso no es la cúspide del surrealismo andino, no sé qué lo es. El hombre, herido en su «honor e investidura» (que es la forma elegante de decir que se puso como loco al verse en el feed de «El mandril»), decidió que la justicia no tiene nada mejor que hacer que investigar un video donde su cuerpo está en el Gran Mendoza pero su alma digital parece estar gastándose los viáticos en un bistró francés.
Lo más filosófico de este sainete es que ahora la Justicia argentina tiene que archivar un expediente, el P. 16101-26, donde aparecen citados seres mitológicos del conurbano digital como si fueran testigos clave en el Juicio a las Juntas. Cornejo, en un ataque de optimismo legislativo, quiere ahora una Ley Nacional contra la mentira, lo cual es fascinante: si prohibimos la fruta podrida en la polÃtica argentina, nos quedamos con una dieta de aire y agua mineral. Es el dilema de la caverna de Platón, pero con Wi-Fi: las sombras en la pared ahora tienen marca de agua y música de TikTok, y el filósofo rey, en lugar de explicarnos la luz, quiere meter preso al que sostiene la linterna. Al final, lo que queda claro es que en este paÃs podés resistir un ajuste, una devaluación y una interna partidaria, pero nadie sobrevive a un meme bien editado que te ubique comiendo un croissant con la plata del contribuyente.

