El Hotel Provincial, ese monumento al “ya vamos a licitar”, podría finalmente ser adjudicado antes de junio. Sí, antes de junio, eso dicen en el Gobierno, que viene prometiendo revivirlo con mucha fé en que finalmente se hará en el tiempo anunciado.
Desde que el Grupo América decidió irse —aparentemente harto de jugar al hotelero en un país donde la inflación te hace check out sin pagar— el edificio quedó más solo que funcionario un lunes a las siete de la mañana. Cerrado, silencioso y con más eco que conferencia de prensa sin preguntas.
Ahora, desde Turismo aseguran que “hay interesados”. Claro que sí. También hay interesados en ganar el Quini, pero de ahí a poner la plata hay un trecho. Empresarios que preguntan, recorren, miran los techos, anotan números y después desaparecen como promesa electoral después del escrutinio.
El ministro Guido Romero, en modo optimismo reglamentario, deslizó que la adjudicación podría concretarse en mayo. Mayo… un mes históricamente asociado a la independencia, aunque en este caso parece más ligado a la independencia de la realidad.
Eso sí, el hotel está “en buenas condiciones”. Hubo que salir corriendo a arreglar filtraciones. Porque nada grita “inversión segura” como un hotel que llora desde el techo. Según fuentes oficiales, esas obras ya están casi listas, lo cual en idioma estatal significa que todavía falta poco… o mucho… eso depende de las ganas de laburar del techero y del plomero.
El Gobierno insiste en que el Hotel Provincial es estratégico. Y claro que lo es: está en el centro, es grande y todavía no se transformó en ministerio, museo o edificio abandonado con cartel de obra eterna. Todo un logro para la época que vivimos
Desde el sector privado hablan de posibles inversiones, mejoras y aumento de categoría. Lo quieren convertir en algo que funcione, siempre y cuando el bolsillo no se deprima al cruzarse con la macroeconomía argentina.
También se menciona interés de grupos internacionales. Lo cual es lógico: para un inversor extranjero, manejar un hotel en Argentina es una experiencia extrema, casi turística en sí misma. Incluye devaluación, paritarias, sindicatos, tarifas congeladas y emoción constante.
Mientras tanto, el «Nogaró-Provincial» sigue esperando. Quieto. Silencioso. Como una vedette olvidada del turismo local que alguna vez brilló y hoy mira el calendario esperando que, esta vez sí, alguien la saque a bailar. Si en mayo aparece el adjudicatario, será un logro administrativo. Si no, siempre quedará junio. Y después julio. Y después…

