Reza Seghati, ex vigilante iraní encargado de hacer cumplir el uso obligatorio del hijab y conocido por aplicar castigos corporales —incluidos latigazos— a mujeres por “vestimenta inapropiada”, fue condenado por la justicia de Irán a 100 latigazos y a muerte. La sentencia llegó luego de que fuera sorprendido manteniendo un acto sexual con una persona del mismo sexo, conducta severamente penada por el régimen iraní.
El caso expone una paradoja recurrente dentro del sistema represivo del país: uno de los ejecutores más visibles de la moral religiosa oficial terminó siendo castigado por violar las mismas normas que decía defender. El rigor aplicado durante años a terceros se volvió, esta vez, contra quien empuñaba el látigo.

