¡Atención, Argentina! Nuestros ilustres profesores universitarios —esos héroes que pronuncian palabras más largas que sus salarios— están en pie de guerra porque, según ellos, sus sueldos ya parecen chistes viejos en peores tiempos.
Según el sindicato local, el sueldo docente perdió cerca del 50 % de su valor real. Sí: la inflación se tragó la mitad del bolsillo antes de que los docentes alcanzaran a decir “teoría crítica” tres veces seguidas.
Y como si eso fuera poco…
El último aumento fue un 2 % (sí, leíste bien: dos por ciento) acompañado de un bono tardío que —como buena promesa política— llegó cuando nadie lo esperaba y, encima, se evaporó en la inflación como agua bajo el sol.
Los docentes dicen que con estos “generosos” aumentos están más cerca de ser autómatas de supermercado que profesores universitarios. Porque claro, enseñar filosofía con sueldo de indigencia suena más a sarcasmo que a profesión.
A raíz de este carnaval salarial, ya se habla de paros largos a partir de marzo, medidas de fuerza, marchas, asambleas, ruedas de prensa… básicamente todo menos dar clases y atender a estudiantes que ya aprendieron a zafar sin profesor.
La educación pública entra en juego… o en busca de sueldo
La queja gremial no es ninguna pavada: mientras los profes estudian teorías complejísimas, sus billeteras parecen salidas de novelas dantescas. Con precios subiendo como espuma, el salario docente quedó como la segunda temporada de una serie cancelada: olvidado, ignorado y en agonía.
Y ojo: cuando los docentes empiezan a abandonar las aulas para conseguir ingresos “reales”, ahí capaz sí tengamos clases de verdad… de economía doméstica.
Resumen para no dormirse leyendo cifras
- El sueldo de los docentes parece maquillaje electoral gastado.
- Los aumentos oficiales tienen el mismo impacto que una gota de lluvia en el desierto.
- Paros y protestas a la vista porque… bueno, alguien tiene que protestar.
- Y si siguen así, los próximos grandes debates en universidades serán sobre cómo pagar la luz y el gas con materia pendiente.

